Sábado, 15 de diciembre, 2018 | 2:39 pm

Tecnologías y adicciones posmodernas



Invitado por el Patronato de Ayuda a Casos de Mujeres Maltratadas (Pacam), en el marco de la conmemoración de su décimo quinto aniversario y de la celebración del séptimo desayuno-conferencia anual y benéfico “Por los buenos tratos”, visitó la República Dominicana el doctor Enrique Echeburúa, destacado catedrático de Psicología Clínica en la Universidad del País Vasco (UPV-EHU) e investigador del Centro de Investigaciones Biomédicas en Red de Salud Mental (Cibersam) del Instituto de Salud Carlos III, donde ha desarrollado estudios en materia de violencia contra la pareja, trastorno de estrés postraumático, ludopatía, trastornos de personalidad y adicción a las nuevas tecnologías.

Además, ha publicado decenas de obras, varias de ellas de obligatoria consulta y referencia, en torno a violencia de género, trastornos de ansiedad y adicciones con drogas y sin drogas.

Es, también, miembro de número de la Academia Vasca de las Ciencias, las Artes y las Letras; miembro fundador del Instituto Vasco de Criminología y del Consejo Asesor del Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia.ç

Lejos de colocarme del lado de los tecnófobos, y reconociendo la importancia y aportes de la revolución tecnológica y digital que acompaña nuestro constante proceso de modernización, he venido advirtiendo acerca de los riesgos personales y sociales que el uso excesivo de las nuevas tecnologías acarrea; así como también, y recuperando reflexiones críticas de pensadores como Heidegger, Jonas, Castells, Bauman, Han o Lanier, la inocultable capacidad autodestructiva que para la humanidad representa una alocada inclinación de los poderes fácticos hacia el armamentismo y las guerras indiscriminadas, por mero efecto de los avances de la técnica.

O bien, los delirios individuales y sociales generados por el exceso de información (infoxicación o hiperinformación), la hipertransparencia expositiva del cuerpo y el espíritu en una sociedad dopada por la alienación en el trabajo y el rendimiento, el dataísmo (fe ciega en los datos) y la angustia solitaria de los sujetos abstraídos o aislados por las redes sociales y la ludopatía digital.

Se trata de advertir sobre los excesos o adicciones, sin detrimento de las ventajas y logros del medio digital.

Echeburúa puso el acento, durante su conferencia, sobre los riesgos que para niños y adolescentes representa un uso descontrolado y abusivo de las redes sociales, así como el importantísimo rol que para evitarlo han de jugar los padres y el núcleo familiar, en defensa de la integridad de la salud y la vida cotidiana en el hogar.

El uso desmedido de las redes sociales es una adicción sin dro gas, aunque con los mismos perniciosos efectos de morbilidad y trastornos de personalidad. A mayor conectividad, menor comunicabilidad. Por ello subrayó: “Las redes sociales no son buenas ni malas: la clave está en el uso que se haga de ellas”.

Las redes nos acercan a quienes tenemos lejos y nos son desconocidos, al tiempo que nos alejan de quienes tenemos cerca y conocemos. Fulminan el cara a cara.

El uso abusivo de las redes sociales provoca, sobre todo en niños y adolescentes, efectos psicológicos y físicos muy dañinos como depresión, aislamiento, irritabilidad, soledad, bajo rendimiento escolar, sobrecarga cervical, artritis en las manos, sedentarismo, obesidad y alteración del sueño.

Como estrategias preventivas para los padres destacó limitar el tiempo de conexión, revisar los contenidos y conectarse en compañía, reforzar la autoestima en los hijos y preservarles su intimidad, procurar mayor relacionamiento en la vida real y lograr una dieta tecnológica adaptada a la edad.

Su corolario: “Lo bueno de la tecnología es que te puedes ir a cualquier lugar del mundo y seguir trabajando. Lo malo es que, dondequiera que estés, tendrás que seguir trabajando”.

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