“Philanderer”, de Shaw

José Báez Guerrero
José Báez Guerrero


Recibí una postal desde Farafangana. Hacía tiempo que no sabía de allá.

Cuentan que todo sigue igual, como aquí, pero que un caballero, de los más ancianos, ha demostrado una agudeza enorme para despertar la envidia y admiración de sus conciudadanos, o al menos aquellos poco dados a cavilaciones morales o éticas, que siempre aparentan ser mayoría por bullosos.

Resulta que este político de provecta edad, tan viejo que fue chambelán en una fiesta dada allá cuando Fefita fue bautizada con meses de nacida, sin dientes ni mucha fuerza en la quijada, se apareció en la repostería comiéndose un espectacular bizcochito, y para que todos supiesen se hizo tirar fotos ¡y publicarlas!

Ahora allá solo hablan de eso. Que cómo un bisabuelo desdentado engulle obras de repostería fina, que cómo pagó un pudín tan caro si nunca fue rico, que si esa gula será verdad o una propaganda propia para causar admiración o asombro.

Leonard Charteris, el personaje de George Bernard Shaw en las tablas londinenses, estaría orgulloso de su colega…

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