Martes, 18 de septiembre, 2018 | 3:43 am

Mentiras emotivas



Mentira emotiva o posverdad. El otro día me topé con este concepto que me puso a reflexionar, más aun en estos momentos con tanto movimiento de los políticos para venderse como la mejor opción.

Según lo define Wikipedia esta posverdad “es la distorsión deliberada de una realidad, con el fin de crear y modelar la opinión pública e influir en las actitudes sociales”.

Distorsión, modelar e influir. En otras palabras, es cuando una persona se convierte en un “encantador de serpientes” que es capaz de convencer a alguien de algo (sea verdad o mentira) para que tome una actitud determinada.

¿Cuánta gente conoces así?

Hay personas que solo saben venderse a sí mismos, que cuando los escuchas todo es yo, yo y yo. Cuando eso ocurre de una vez se me enciende una alarma.

Y no confundamos con ir al extremo de la modestia o de la humildad, a lo que me refiero es cuando sus palabras no sostienen sus acciones.

Si ves más allá de cómo visten, qué carro tienen, cuánto hablan de dinero o qué dicen, muchas veces descubres que todo es una pantalla.

Quiero creer que al final la máscara cae y acaban mostrando su verdadera cara, pero no siempre pasa. Simplemente encuentran a alguien más a quien “venderle” esa mentira emotiva. Y hay demasiadas personas ávidas de referentes.

Por eso me aferro a uno de mis principios cuando conozco a alguien: valorarlo por lo que hace y no por lo que es. Siempre se lo digo a mi hijo cuando le oigo dar una opinión que sé que es aprendida, no vivida.

Hay quien dice que soy desconfiada, todo lo contrario, siempre pienso que todo el mundo es bueno por naturaleza. Pero demuéstramelo, no me lo vendas. Para mí, esa es la verdadera verdad.

Publicidad