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Me equivoqué con AMLO

Luego de un extenso viaje a México en septiembre pasado, donde tuve la oportunidad de leer el libro “2018, la salida, decadencia y renacimiento de México”, del entonces candidato a la presidencia mejicana Andrés Manuel López Obrador (AMLO), así como conversaciones con viejos y nuevos amigos, llegué a la conclusión de que las elecciones de ese país seguramente elegirían al candidato José Antonio Meade, economista, exsecretario de Hacienda y Crédito Público; de Desarrollo Social; de Relaciones Exteriores; y de Energía, egresado del ITAM, la UNAM y Yale.

Me equivoqué, subestimando el peso del crimen en la sociedad mejicana y cuán harta estaba la población, sobre todo en lo referente a homicidios, secuestros y robos.

Los muertos se registran anualmente en los miles (hay que acotar que una gran parte de los mismos ni se registran por falta de denuncia) y no se respeta religión, oficio o posición, sexo ni edad. Igual se mata un cura, un periodista o un niño.

Está documentado que gran parte de esta criminalidad tiene su origen en el narcotráfico y la benignidad del sistema judicial.

Me equivoqué también en subestimar el peso de la corrupción, la cual el Banco Mundial estima representa el 9 % del Producto Interno Bruto (PIB), lo que podría llegar a costarle a ese país hasta unos $900 mil millones de pesos mejicanos, equivalentes a tres veces el presupuesto de educación y casi ocho veces el presupuesto de la lucha contra la pobreza.

A pesar de que entidades evaluadoras como la Standard &Poors estiman poco probable que el nuevo gobierno de AMLO realmente lleve la economía mejicana por el sendero del socialismo de izquierda puro, no hay dudas del ribete populista que le habrá de caracterizar. Ojalá que mi error con AMLO no sea presagio de lo que pudiera pasar en otras elecciones.

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