Martes, 13 de noviembre, 2018 | 5:02 pm

Cuidado con Jesús Núñez



Jesús Núñez, líder de la Unión de Trabajadores Cañeros, andaba de recorrido por los bateyes del Central Romana, fue detenido y enviado a la fiscalía acusado de planear incendiar los cañaverales del aludido central.

Lo liberaron. Porque si hay algún extravío de la razón humana es imaginarse a Jesús Núñez cometiendo acto semejante. Jesús ha sostenido una lucha agotadora y extensa, sin desmayos ni transacciones por una cosa tan elemental como las pensiones de centenares de hombres y mujeres que dejaron su sudor y su salud en los ingenios y han sido lanzados a morir de hambre y abandono. Durante años han levantado su voz enronquecida de tanto gritar justicia.

Se han manifestado aun frente el Palacio Nacional, con un temple insospechado en hombres y mujeres que, en muchos casos, viven los últimos años.

Nunca se han desesperado ante la sordera de quienes han tenido en sus manos la atención de sus reclamos. Sin un solo tumulto ni discurso estridente, sin declaraciones altisonantes ni ofensivas, con una paciencia y una firmeza dignas de tomarse como ejemplo. Así es Jesús Núñez en lo personal.

Modesto, sin aspavientos ni aparatos, llega y casi no se siente. Y ahora lo querían pintar como un terrorista e incendiario.

Y como lo acusa un central tan poderoso, y como ese tipo de detención ha sido a veces la antesala de cosas mucho peores, uno se ve obligado a volver la vista atrás y recordar las víctimas que suelen ponerle sabor amargo al azúcar y a la historia del movimiento obrero.

Cómo crecieron los ingenios en tiempos del terror de la primera ocupación yanqui. Qué pasó después de la gran huelga del siete de enero de 1946. Los ahorcados en postes del tendido eléctrico, con un letrero macabro en el pecho que decía: A este le aumentaron el salario.

Los que, como Nando Hernández y Mauricio Báez que tuvieron que exiliarse para morir desterrados.

Y viene a la mente el compañero Guido Gil, sentenciado a muerte por los dueños del este, detenido brevemente el 15 de enero de 1967, vuelto a detener el 17 y desde ese día desaparecido para siempre.

No hay que llevar las alarmas al extremo, pero después de tantos macabros antecedentes, y como este gladiador sereno ni se rinde ni se vende, una detención puede ser un mal presagio. ¡ Cuidado con Jesús Núñez!

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