Viernes, 17 de agosto, 2018 | 2:00 am

Corea del Norte



Después de largo período de atormentar al mundo civilizado, el régimen de Kim Jhon-Un anuncia la paz entre las Coreas y el cese de su programa nuclear con un desmantelamiento que no pudo confirmarse ante los inspectores de Occidente. Por eso el fracaso de la Cumbre por la paz en la región, nos acerca más a la guerra nuclear.

Corea del Norte no debería seguir insistiendo con hacerle la guerra a Estados Unidos y debe lograr ese tratado que le asegure el régimen de hierro en el que viven los norcoreanos.

De una monarquía que degeneró en dictadura, esta actual forma de gobierno que practica la República Popular de Corea es inadmisible.

Es contrario a la energía humana: una nueva cortina de hierro y un nuevo gulag enclavado en Asia.

Desde 1948 Corea del Norte es otra nación que dice haber adoptado un carácter revolucionario, un socialismo democrático, pero allí existen campos de concentración y de tortura que son tan terribles como los de la Alemania hitleriana.

La lógica de una guerra de Corea del Norte contra el país más poderoso de la tierra supone la muerte del régimen. Esta no duraría ni siquiera 24 horas, tomando en cuenta que se trata de un país que se encuentra en el paleolítico del armamentismo atómico.

El teatro de operaciones de la guerra sería Pyongyang, a donde llegarían las bombas. Sería una catástrofe para ese pueblo, ignorante de lo que le espera.

Qué pasará si no hay guerra, después de todo. Probablemente si no hay guerra entre EUA y Corea del Norte, el peligro continuará para el mundo, pues el Estado de menor poderío no se desnucleariza, creerá que si los Estados Unidos no pudieron someterlo, pues quién le impedirá en el futuro agredir a Japón, invadir Corea del Sur, chantajear a países cercanos y más débiles.

Ese será, pues, el peligro si no hay guerra. Rusia y China mañana pueden ser también enemigos de un Estado abiertamente hostil y chantajista, como hasta ahora está siendo su vecino y aliado Corea del Norte. Solo hay que imaginar la retórica de un Estado militarmente avanzado, aunque no tiene más economía que la de un país de tercer mundo.

Las infaustas, pero célebres frases de Kim Jung-Un, claman por el chantaje al mundo con su programa nuclear, con sus misiles.

¡Usted no apriete el botón, Corea del Norte! Así el mundo no verá que el régimen nunca tuvo suficientes armas nucleares para empezar una guerra termonuclear, y que lo único que se logrará es el exterminio de los norcoreanos. Pyongyang no tiene que ser otra Hiroshima.

El pueblo de Corea del Norte jamás se repondrá del holocausto que le espera. Y aunque es cierto que morirán millones de norcoreanos, Europa sentirá que hizo muy poco para impedir esta tragedia, y Rusia y China les dieron falsas esperanzas a los coreanos.

Las dos Corea son pueblos hermanos. Los coreanos representan un modelo de raza trabajadora. Lo mejor es imitar a los alemanes, que hicieron posible que la parte pobre se uniera a la parte rica. Y así Corea del Norte dejará de pertenecerle a Kim-Jon-Un.

Publicidad