Bosch polisémico

José Báez Guerrero
José Báez Guerrero


Hablar de Bosch con sus fieros discípulos en el poder es harto difícil. Mis amigos peledeístas, que tan curtida epidermis poseen cuando les dicen otros asuntos espinosos, muestran más fragilidad que un cristal de Belén cuando cualquiera pronuncia el nombre de su apóstol.

Uno de los dinosaurios del PLD mandó una vez a su columnista preferido a obrarse en mí porque opiné que don Juan poseía un temperamento harto difícil y que había disparatado mucho aún antes de su postrera enfermedad.

Es natural y razonable que el PLD y el Gobierno deseen siempre resaltar las muchas e innegables virtudes de Bosch y dejar olvidados sus penosos errores.

En ocasión de una serie de artículos míos sobre Bosch, un amigo muy querido y admirado, de los principales jefes del PLD, me sugirió “llevar suave” la memoria de don Juan.

La objetividad de cualquier historiador puede bien ser anatema para otro: toda moneda tiene dos caras y un canto, ¡cuántas facetas no tendrá un poliedro humano como Bosch! Gústenos o no, ¡fue inmenso!

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