Miércoles, 19 de septiembre, 2018 | 10:17 pm

Aquellos años de Cannes para pobres



In Memoriam, Tomás Pérez Turrén (*)

Decíamos con don Miguel de Unamuno (**) que ayer era solo una referencia para mañana, porque podíamos hacer siempre un mejor mañana. Creo en eso, porque el futuro nunca se espera, uno puede construirlo cada día y si desea también, lo puede destruir.

En Cannes, los periodistas latinoamericanos de mi época éramos solidarios entre todos. En el viejo café que está en el número 6 de la Rue Tony Allard, está todavía Le Majestic, un bistró “obliged” para los que siempre teníamos presupuestos bajos.

Jose Carlos Avellar, brasileño del periódico “Journal Do Brasil”; Leonardo García Tsao, mexicano, de “La Jornada” de México; Nelson Carro, uruguayo, de “El País “de Uruguay, y nuestro siempre querido Tomás Pérez Turrén, la persona que me valoró y me sugirió que debía ir a México a estudiar cine.

Como nuestro situado llegaba siempre tarde, Sully Saneaux, hijo del Príncipe, y Brunilda Hass ( Bruni, la austríaca que se enamoró de RD) eran mis banqueros de préstamos, cuando el “Listín” se recordaba, entonces yo honraba mis compromisos.

Así me trasladaba todos los años al Festival de Cannes, mientras estuve en Europa, para cumplir con el sagrado deber de mirar al menos 5 películas diarias, cuando no tenía muchas ganas de ver cine, pero recuerdo que con la fiebre fílmica de mis primeros años, tenía que llevar un bolígrafo con luz, porque miraba 10 por días y en la noche estaba explotado y si las notas no eran claras, confundía argumentos y títulos, porque era demasiado para un cerebro caribeño en precariedad Canniana, pero era feliz, profundamente feliz, os lo juro.

Digo que era feliz porque estaba en lo que yo quería y tenía grandes amigos que valoraban mis ideas y celebraban con alegría mis ocurrencias que no fueron pocas, como aquella vez que le hicimos creer a la ex jefa de prensa, Madame Loisette Farget, que en Santo Domingo cuando llovía la lluvia desnudaba a la gente y la gente andaba como Dios la trajo al mundo.

La señora, adoradora de penes exóticos sin aspavientos, decía entonces : “Cest le territoire de ma vie, oui! Je veux y vivre éternellement” ( Es el territorio de mi vida, ahí quiero vivir eternamente).

Era un Cannes diferente, ahí estaba Lino Miccichè, quien fuera el fundador de la Muestra Internacional del Nuevo Cine de Pésaro, nombre que luego serviría de mucho en la República Dominicana para bautizar de emergencia la Muestra Internacional de Cine, a raíz de una crisis en 2000, cuando se habían robado el nombre original del evento: Festival Internacional de Cine de Santo Domingo. Su primera edición en 1999 llevaba ese nombre, habíamos hecho el primer festival de cine de este país, en alianza táctica con Arturo Rodríguez, para cerrar el paso a la imbecilidad y al oportunismo político de entonces.

Muchas ideas mía nacieron allí, en aquel bello torbellino de cultura y gente desinteresada, algunos de los cuales, por estar con vida, siguen siendo mis amigos, a quienes nos dejaron en la ruta.

Pero Cannes seguirá siendo Cannes, cada generación tendrá su visión, evocará a su manera, pero algo se comprueba en esta edición 67: que hay un desplome de la imagen francesa del cine y que el esquema Hollywood, cine vacío y sin rumbo, tiene a esta manifestación de la Cote d ‘ Azur como su plataforma en Europa, para luego vender con glamour en Estados Unidos y el mundo productos enfermos que nada dejan para pensar.

(*) Tomás Pérez Turrén fue un mexicano ilustre, profesor de cine, brillante crítico de cine, ser humano abierto y libre pensador, fue también mi profesor de Historia del Guión en tiempos del cine mudo, en el Centro de Capacitación Cinematografica, Distrito Federal, México. 1980.

(**) Don Miguel de Unamuno, ha sido uno de los grandes pensadores españoles del siglo XX. Vasco, rector de la Universidad de Salamanca, filósofo, destituido por Franco en 1936.

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