Domingo, 11 de noviembre, 2018 | 1:34 pm

Al nuevo Ministro de Cultura



Desde su nueva función de Ministro de Cultura, el arquitecto Eduardo Selman tiene la brillante oportunidad de hacerle un gran servicio a uno de los más importantes atributos de la cultura y la identidad misma de nuestro pueblo, el merengue. Claro que tendrá que emplearse a fondo para vencer resistencias y encontrar apoyo, porque me constan los esfuerzos que hizo su predecesor, don Pedro Vergés, bajo cuya gestión se declaró el merengue Patrimonio Intangible de la Humanidad, sin que sus esfuerzos pudieran cristalizar más allá de alguna actividad ocasional en promoción de ese género.

Él quiso organizar un festival de merengue típico y estoy seguro que no logró arrancar siquiera por falta de apoyo en las esferas oficiales que debieron proporcionarlo.

Ahora llega el señor Selman. No soy yo quien tengo que dictarle lo que un funcionario de su categoría tiene que hacer, ni mucho menos. Pero me permito advertir una vez más lo contradictorio que resulta el que nuestra principal expresión musical, el merengue, reciba el reconocimiento de las Naciones Unidas y hasta de la OEA, y que aquí, en plena capital, no haya un sitio donde los dominicanos y también los extranjeros visitantes puedan conocer mejor eso que por otras latitudes del mundo reconocen.

El Maestro Dagoberto Tejeda Ortiz concibió la idea de fundar la Casa del Merengue. Con su ayuda y la de otro investigador, maestro y conferenciante de primera, don Américo Mejía, elaboré un proyecto sobre esa institución. Y como sé que en este país presidencialista, sin la buena voluntad del presidente es difícil adelantar cualquier proyecto de ese tipo, y como desde chiquito oí decir que cuando Dios no quiere no hay santo que pueda, le pedí una cita infructuosamente al presidente Medina para tratarle el asunto. Y es que para cosas como esa aquí es muy difícil encontrar conciencias sensibles y uno termina cansado.

Vamos a estimular al señor Selman a darle al merengue la importancia que le dan en otros puntos del planeta y pidámosle que ponga manos a la obra, en la seguridad de que no le faltará la cooperación de quienes creemos que si se trata de cultura, en la República Dominicana es imposible hacerlo con seriedad sin darle al merengue, al de orquesta y al típico, por supuesto, la importancia y el valor que para la dominicanidad siempre ha tenido.

Rafael Chaljub Mejía

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