11-1- 1493: descubrimiento de Puerto Plata

Por: Danilo Arzeno

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12 enero, 2017 12:02 am



Hace ya mucho tiempo, cerré la puerta de mi vieja casa, besé con mis pies las piedras y los polvos del camino que me llevó lejos de “mi pequeño pueblo”.

Una hilera de pinos gemebundos creció en el trayecto que recorrí aquella mañana gris porque por cada metro recorrido de mis ojos saltaba una lágrima de pena. ¡No es fácil decir adiós cuando el alma se llena de tristeza!

Poco antes de mi partida tomé una fina copa de cristal y en ella eché a “mi pequeño pueblo” con su mar y sus playas, su puerto azul y su verde montaña, su Poza del Castillo y su Long Beach, y con el vuelo de sus mariposas y el canto de los ruiseñores, -sin olvidar el cariño y la generosidad de su gente-, me lo bebí de un sorbo y me creció en el pecho.

Puerto Plata, Diosa delicada de excepcional belleza, con sus hontanas, su amor ancestral a la naturaleza y a las bellas artes es un fanal inextinguible que nos alimenta y nos protege. ¡Mientras más lejos me encuentro de ti, más ahonda en mi ser el amor que te tengo! ¡Mientras más días pasan sin verte más convencido estoy de que un día he de volver para quedarme por no poder vivir lejos de ti!

¡Si supieras de la alegría que desborda mi corazón cuando hago planes de viaje, que por desgracia, casi siempre chocan con la realidad de mis responsabilidades y truncan mis ilusiones! Y eso me desespera, porque sé que un día se ocultará el sol del atardecer en lontananza y no resplandecerá para mí cuando vuelva a amanecer. Sé que una noche en la soledad de mi alcoba irrumpirá la parca y apagará mi voz. ¡Ay Dios mío! ¿Quién te hablará por mí? ¿Quién podrá hablarte de mi eviterno cariño y mi nostalgia?

¿Quién podrá decirte que mi amor por ti es tan profundo como tu océano Atlántico y tan alto y vigoroso como tu montaña Isabel de Torres? ¡Es un privilegio ser puertoplateño! Ser hijo del beso apasionado de un mar y una montaña de fascinantes bellezas y delirantes encantos.

Los más emotivos recuerdos de mi infancia desfilan henchidos de melancolía por mi alcoba como garzas blancas volando suavemente y con evidentes y vanos empeños de querer detener en el abanico de sus alas el tiempo ya pasado y que nunca volverá.

Mis amigos, los juegos infantiles, la inocencia, el parque, las retretas, el fuerte San Felipe y el cañón de don Matuca; “mi” Biblioteca Renovación, el faro del puerto y las caretas del maestro Mongo que tanto me impresionaban; la frescura del suelo, el olor de los árboles y el vuelo de los pájaros… todo eso y mucho más es mi Puerto Plata.

“Mi pequeño pueblo”, te escribo hoy porque tú estás de cumpleaños ¡y yo también!… ¡Sí, yo también! Enorme privilegio del que muy pocos de tus hijos podrán vanagloriarse igual que yo. ¿Recuerdas? Fue un viernes 11 de enero de 1493 que Cristóbal Colón te descubrió y al verte, dijo emocionado: -“Hemos llegado a las tierras mejores y más hermosas”.-

Y no se equivocó. Eres el punto geográfico mejor y más hermoso que aún en la imaginación pueda concebir el ser humano. Y para que sepas que siempre estás en mi corazón y en mi pensamiento, desde aquí, desde esta gran ciudad donde me encuentro, vuelvo a repetir con toda la fuerza de mi voz ¡yo soy puertoplateño! ¡Yo soy pueretoplateño! ¡Yo soy puertoplateño!

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