Opción Democrática busca romper la desigualdad del sistema político

Miguel Martínez expone las tensiones, limitaciones y aspiraciones de un partido joven que busca posicionarse en la discusión pública.

Miguel Martínez, secretario general de Opción Democrática. vìctor lópez
Miguel Martínez, secretario general de Opción Democrática. vìctor lópez

Santo Domingo.-En la política dominicana, donde los partidos tradicionales mantienen amplias estructuras, acceso a recursos y presencia territorial consolidada, las organizaciones emergentes libran una batalla desigual para ganar espacio, voz e incidencia.

En ese escenario se mueve Opción Democrática, una organización que intenta construir una alternativa desde la militancia, la organización interna y la crítica a un sistema que, según sus dirigentes, favorece a quienes ya ostentan poder.

En esta segunda entrega de la serie: los secretarios políticos de los partido, conversamos con Miguel Martínez, secretario general de Opción Democrática, quien expone las tensiones, limitaciones y aspiraciones de un partido joven que busca posicionarse en la discusión pública nacional.
Su relato no parte de la épica tradicional de la maquinaria partidaria, sino de una realidad más austera: locales que deben mantenerse abiertos, informes financieros que deben entregarse a tiempo, miembros que trabajan durante el día y hacen política en horas extras.

Menos de dos años
Martínez llegó a la secretaría general en octubre de 2024, tras ser electo por voto directo de la membresía en una asamblea interna.

En Opción Democrática, explica, no hay reelección en ese cargo, lo que convierte la posición en una responsabilidad temporal, pero intensa.

El secretario general, sostiene, no sólo coordina la vida interna del partido, sino que debe dar seguimiento a las secretarías orgánicas, acompañar la ejecución de los planes estratégicos y asegurar el cumplimiento de los estatutos, de la ley de partidos y de la normativa electoral.

Su definición del cargo tiene un tono práctico: “Motorizar” el partido, dice, significa lograr que los locales funcionen, que el personal cumpla sus tareas, que los presupuestos sean aprobados y ejecutados, y que la organización responda a cada obligación que exige la Junta Central Electoral.

En su caso, además, la tarea se cruza con otra realidad: la política no es su empleo principal. Martínez es ingeniero civil y compagina su trabajo profesional con la dirigencia partidaria, una dualidad que, asegura, comparten muchos miembros de Opción Democrática.

Política sin privilegios
Uno de los puntos centrales de su diagnóstico es el alto costo de participar en política en República Dominicana. Para el dirigente político, el sistema está diseñado para beneficiar a quienes tienen dinero, herencia política o grandes financiadores detrás.

En contraste, describe a Opción Democrática como un partido de ciudadanos que intenta sostenerse a partir del aporte de su militancia, actividades de recaudación y una estrategia de posicionamiento constante en la agenda pública.

Martínez considera que esa desigualdad se refleja con crudeza en las campañas electorales. Habla de topes de gasto desproporcionados, de candidaturas que despliegan millones de pesos sin una fiscalización efectiva y de una competencia en la que las propuestas suelen quedar relegadas frente a la capacidad de inversión.

A su juicio, ese modelo no sólo limita la participación de nuevas fuerzas, sino que también distorsiona la calidad de la representación.

Desde esa lectura, insiste en que un candidato que invierte sumas millonarias para llegar al poder difícilmente lo hace sólo por vocación de servicio. Ahí ubica una de las raíces del deterioro institucional: el dinero como puerta de entrada a la política y como mecanismo para condicionar luego la gestión pública.
En ese contexto, plantea que el país necesita límites más estrictos al gasto electoral, mayor fiscalización y una revisión del modelo de distribución de fondos públicos a los partidos.

“La política es necesaria para discutir los problemas de la ciudadanía y buscarle soluciones.”
Pese a esa desventaja, Martínez sostiene que el partido ha optado por resistir.

Menciona como ejemplo reciente un sorteo que permitió recaudar más de cuatro millones de pesos, una cifra que supera incluso lo que recibe anualmente de la Junta Central Electoral. Con esos recursos, junto a las contribuciones mensuales de miembros y simpatizantes, el partido sostiene locales, cubre servicios básicos y financia actividades políticas y territoriales.

Contrapeso al poder
Pero el discurso de Martínez no se agota en la denuncia de la desigualdad. También hay una defensa explícita del sistema de partidos como soporte de la democracia. Aunque reconoce las fallas, críticas y descrédito que pesan sobre la política partidaria, advierte que un país sin partidos fuertes quedaría más expuesto al autoritarismo, al personalismo y a liderazgos sin controles. En su visión, la democracia funciona con contrapesos, y esos contrapesos deben construirse en el Congreso, en los ayuntamientos y en la vida pública.

Desde esa lógica, cuestiona la alta concentración de poder en manos del oficialismo. Entiende que la mayoría legislativa del Gobierno ha debilitado la fiscalización y ha permitido que decisiones claves pasen sin suficiente oposición.

Formación

— A sus miembros
El partido forma a través de cursos, encuentros y espacios de debate donde se analizan los principales temas del país. Esto busca prepararlos para participar en la política con una visión crítica y propositiva.

El otro adversario silente de fondo
Análisis. Martínez reflexionó y dice que ha identificado otro adversario de fondo: la apatía ciudadana. Más allá de los partidos mayoritarios, considera que el gran reto de las organizaciones alternativas es reconectar a la gente con la política, en un contexto donde abundan la frustración, el descrédito y la percepción de que “todos son iguales”.

Frente a eso, plantea que la única salida es la coherencia entre discurso y práctica, así como la capacidad de demostrar que la política puede ejercerse sin clientelismo ni corrupción.

Sobre el autor

Dayana Acosta

Periodista dominicana con maestría en Comunicación Corporativa y Gerencia Hospitalaria y Seguridad Social. Apasionada de la investigación y de contar historias con propósito.