El sacrificio detrás del uniforme: madres que protegen a todos

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Santo Domingo.- Cuando Mayrobi Capellán escucha a su hija decirle “mami, llegaste”, siente que el peso del día se derrumba por unos segundos. Después de horas bajo el uniforme policial, llamadas, responsabilidades y jornadas largas, ese abrazo de una niña de ocho años se convierte en descanso.

Mayrovi y su pequeña Zoé
Mayrovi y su pequeña Zoé.

Pero llegar hasta ahí no ha sido fácil.

Mayrobi tiene 18 años en la Policía Nacional. Entró buscando estabilidad laboral luego de pasar por varios trabajos temporales.

Inspirada por una hermana militar, decidió ingresar a la institución sin imaginar que años después tendría que enfrentar uno de los retos más complejos: equilibrar la maternidad con una profesión marcada por horarios extensos, disciplina y servicio permanente.

“Me pasaba el día cuando llegaba al trabajo llorando, llamando a mi casa”, recuerda sobre los primeros meses tras el nacimiento de su hija Mayoli Zoé Pérez.

La pequeña apenas tenía tres meses cuando terminó su licencia postparto y debía volver al servicio.

No aceptaba biberón ni cuchara. Mientras cumplía sus funciones, Mayrobi debía sacar tiempo para extraerse leche materna y mantenerse pendiente de su bebé.

“Siempre me preguntaba cómo yo iba a hacer a la hora de entrar a trabajar”, cuenta.

El sacrificio detrás del uniforme: madres que protegen a todos
Mayrovi junto a su madre y su hija.

Con el tiempo aprendió a dividir su vida entre el uniforme, los turnos y las tareas escolares. Pero todavía hay momentos que le pesan.

“Duele un poquito cuando envían un papelito de invitación para el Día de las Madres y su mami no puede asistir por tema de tiempo o de trabajo”, expresa.

Celia comparte su historia con la seguridad de que salvar vidas es su misión.
Celia comparte su historia con la seguridad de que salvar vidas es su misión.

Este año no pudo acudir a una actividad escolar de su hija y tuvo que pedirle a su madre que la representara.

“Porque aunque siempre queremos estar, sabemos que no siempre podemos pedir permiso en el trabajo y que hay otras responsabilidades”, manifiesta.

Historias como la de Mayrobi también se reflejan en mujeres como Celia, la bombera dominicana cuya vida transcurre entre alarmas, incendios y emergencias.

Las manos de Celia están marcadas por años de trabajo.

Son manos acostumbradas a sostener mangueras, romper puertas, cargar equipos pesados y entrar donde otros salen corriendo.

Pero también son manos de madre: las que preparan comida, acomodan uniformes escolares y acarician a sus hijos después de una jornada agotadora.

El sacrificio detrás del uniforme: madres que protegen a todos
Celia y sus hijos, su mayor inspiración.

Cuando la alarma suena, Celia deja atrás cualquier rutina cotidiana para correr hacia el fuego. En muchas ocasiones eso significa perderse cumpleaños, reuniones familiares o actividades escolares.

Las emergencias no esperan horarios ni celebraciones.

La maternidad en los cuerpos de emergencia tiene silencios y renuncias que pocas veces se cuentan.

Son mujeres que trabajan bajo presión constante y que aun así llegan a casa intentando seguir siendo refugio emocional para sus hijos.

En el caso de Celia, su vocación por salvar vidas convive diariamente con la responsabilidad de cuidar y sostener a su familia. Su historia refleja la realidad de muchas madres dominicanas que trabajan en profesiones tradicionalmente ocupadas por hombres y que deben demostrar fortaleza tanto en el trabajo como en el hogar.

Pero detrás del casco, las botas y el uniforme, Celia también guarda una meta profundamente personal: que sus hijos se sientan orgullosos de ella.

Que algún día puedan mirar su esfuerzo y entender que cada ausencia, cada turno y cada madrugada lejos de casa tuvo como propósito construirles un mejor futuro.

Ese mismo sentimiento lo comparte Mayrobi.

“Ser madre es lo mejor que le puede pasar a una mujer”, afirma la agente policial.

Celia López, bombera de 30 años, madre soltera y mujer que inspira.
Celia López, bombera de 30 años, madre soltera y mujer que inspira.

“Ya tú sabes que tu vida no depende de ti, sino para sostener a otra personita”, agrega.

Para Mayrobi, gran parte de esa fortaleza viene de su propia madre, quien la crió sola junto a sus hermanos cuando apenas tenía 23 años.

“Mi mamá fue madre soltera de tres hijos. Nos dio educación, techo, comida. Fue un sacrificio constante”, recuerda.

Hoy intenta replicar ese ejemplo mientras construye el suyo propio. Además de ser policía, recientemente se graduó de Derecho.

Y aunque vive con horarios exigentes, procura acompañar a su hija en cada espacio posible.

“Cuando ella ve que me pongo el uniforme me dice: ‘Mami, yo quiero ser policía y quiero ser médico’”, cuenta entre sonrisas.

La niña, estudiante meritoria de tercer grado, se ha convertido en uno de sus mayores orgullos.

“Eso para mí es mucho orgullo, porque a pesar del sacrificio hemos logrado avanzar”, dice.

Con motivo del Día de las Madres, Mayrobi envía un mensaje especial a las mujeres que, como ella y Celia, trabajan en instituciones de servicio y emergencia.

“No todo es la profesión, no todo es el uniforme. Sí debemos dedicarle tiempo a nuestros hijos y ser más empáticos con ellos porque ellos también hacen sacrificios”.

Luego hace una pausa y resume lo que significa vivir entre la maternidad y el deber: “El sacrificio vale la pena”.

Sobre el autor

Katherine Espino

Katherine Nicole Espino Cuevas. Periodista, locutora profesional y CMM. Máster en Comunicación Política Avanzada por Next Educación (Madrid). Amante de la escritura bien hecha, las historias con sentido humano y las causas sociales. Creo en la comunicación con propósito, en los valores y en la fe que transforma.