Viernes, 20 de septiembre, 2019 | 6:28 pm

La Cuarta Generación



Por Diógenes Aybar

En el libro de libros dice: “El pecado de los padres lo pagarán hasta la tercera y cuarta generación”.

A simple vista esta expresión parece pura retórica o una simple visión fanático religiosa de la vida.

Sin embargo, la experiencia tanto en los campos de la psicología como en la sociología y la antropología parece haber experiencias más que suficientes para respaldar dicha afirmación; dejando entrever que, sin importar si es o no divino el origen de La Biblia, en dicha expresión se destila sabiduría adquirida por años y generaciones de experiencia.

Tomemos un ejemplo de la psicología: “Una niña, María, a partir de los diez años de edad es violada repetidas veces por su tío, causándole un trauma que la hace sentir sucia y culpable toda la vida (Primera generación); La niña, ya adulta se casa y tiene varios hijos (segunda generación), los cuales sufren de varias formas al depender de una madre marcada por un trauma aún vivo.

Las hembras sufren, pues la madre proyecta en ellas su sentimiento de culpa y su auto rechazo (se siente sucia y cree a sus hijas sucias), como tales las maltrata, sospecha de ellas y las acusa de lo que ella imagina es su perversidad llevándolas a vivir una vida infernal.

Los varones a su vez sufren, pues la madre, herida en su infancia, los cree fruto del pecado (cada acto sexual la hace sentir despreciable y culpable); por eso a ninguno da el cariño tan necesario para su salud psicológica.

Luego cada uno de estos hijos se casa y tiene hijos a su vez. Todos ellos, como padres y como ciudadanos, de una forma o de otra, van a reflejar la baja autoestima que les indujo la madre con sus maltratos, falta de cariño y recriminaciones.

Todos tendrán relaciones de pareja en la que serán abusados por el cónyugue, pero ellos siempre creerán que tienen la culpa, posiblemente sean más responsables de la cuenta, tratando de contrarrestar la imagen que tienen de sí mismos, todos se aprovecharán de ellos y la sociedad los condenará a ser padres y madres muy esforzados pero con muy pocas probabilidades de superación social y económica.

Estos criarán a sus hijos (tercera generación) queriendo corregir en ellos la supuesta causa del dolor que en su niñez sufrieron:

i) no los obligaré a hacer cosas que no les guste como a mí me hicieron,

ii) no pasarán hambre como me hicieron pasar a mi,

iii) les daré todo lo que pidan para que no sufran precariedades y no se avergüencen de ser pobres como me pasó a mí,

iv) no tendrán que trapear, lavar, limpiar ni hacer los mandados de la casa para que no se sientan explotados como sirvientes como me hicieron a mí, etc.

Sabemos muy bien las consecuencias de esta forma de crianza; esta tercera generación será de adultos irresponsables, desconocedores del valor del trabajo como medio de producción de la riqueza, carencia de orgullo de su origen (tienen una imagen de sus padres tan pobre que no pueden sentir orgullo de ellos), tendrán poca vocación de liderazgo y de iniciativa propia y serán fácilmente manipulables por la sociedad, es decir la propaganda (de todas clases, incluyendo los comerciales), falsos líderes y todo medio de presión social.

Ahora bien, ¿qué será de los hijos de esta generación? Hijos de despojos sociales, incapaces de comprender que es con su propio esfuerzo que pueden superar o soportar las presiones que les pone la sociedad.

¿Qué pueden ellos ofrecer a esta Cuarta Generación? Llevaran una vida hostil y desamparada; sufrirán los rigores de una sociedad a la que les son indiferentes.

De aquí puede surgir cualquier cosa, desde Hitler hasta Jesucristo. Estos son los que siembran el caos e inician revoluciones; los que hacen inviable el “status quo”.

Éste es sólo un cuadro hipotético tomando como punto de partida un supuesto trauma psicológico (visto de forma aislada).

Pero todos sabemos que actos como éstos proliferan por el auspicio y permisividad de la sociedad en su conjunto, y del Estado como agente director de la sociedad hacia mejores estándares de vida para los individuos que componen dicha sociedad.

Más aún, Tanto el Estado, como los cuerpos sociales representativos del poder económico e ideológico, sostienen y mantienen los mecanismos de perpetuación y crecimiento de este fenómeno generacional que es un mecanismo infernal que se auto-alimenta “in crescendo”.

Dar ejemplos de estos mecanismos de poder ampliaría este artículo a niveles de un libro, la prensa y la bibliografía de estudios sociológicos e históricos están repletos de ellos; además creemos que el lector no necesita de ellos, pues vive en una sociedad, desde este punto de vista, ejemplar.

Por estas reflexiones tan simples me parece paradójico oír y leer las tan abundantes quejas por parte de quienes han sido responsables de la formación del estado de cosas de esta sociedad desde la muerte de Trujillo hasta la fecha; y quienes además, con su afán de preservar los insólitos privilegios con que viven en la sociedad actual, buscan perpetuar la situación actual, quieren cambios con injusticias para los demás y con privilegios para ellos. Se les oye decir “ingenuamente”:

i) estamos viviendo una era de antivalores;

ii) la delincuencia se ha adueñado de las calles;

iii) ya no se respetan ni las leyes de tránsito;

iv) y muchas otras quejas por el estilo.

Pero se olvidan, que quienes se “hacen” fuera del cajón en su propia casa, aunque ésta sea muy grande, terminan comiéndosela. Para que mi casa brille yo tengo que limpiarla o evitar que se ensucie, de otra forma terminaré inundándola de porquería.

Cuando oigamos a uno de esos quejarse, recordémosle lo que dice la Biblia: “El pecado de los padres lo pagarán hasta la tercera y cuarta generación”.

Diógenes Aybar

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