La economía mundial enfrenta una combinación poco habitual de fragmentación geopolítica, tensiones comerciales, cambios en los precios de la energía, elevados niveles de endeudamiento y una acelerada transición tecnológica impulsada por la inteligencia artificial. Estos factores no implican necesariamente una nueva etapa de estancamiento secular, pero obligan a reconsiderar las fuentes del crecimiento potencial y la relación entre inversión, productividad, empleo y estabilidad macroeconómica.
La hipótesis de estancamiento secular, recuperada por Lawrence Summers en 2013, fue formulada para explicar las dificultades de las economías avanzadas para alcanzar simultáneamente crecimiento satisfactorio, pleno empleo y estabilidad financiera. No constituye, sin embargo, una predicción aplicable mecánicamente a todos los países.
Para una economía emergente y abierta como la República Dominicana, el desafío es diferente: elevar la productividad, ampliar la inversión productiva, diversificar las exportaciones, fortalecer el capital humano y aprovechar las nuevas tecnologías.
La evidencia disponible muestra que el país mantiene un potencial de crecimiento relativamente elevado dentro de Centroamérica y el Caribe. Al mismo tiempo, persiste una brecha de productividad frente a las economías avanzadas.
Según la CEPAL, la productividad laboral dominicana aumentó más de 50 % entre 2005 y 2024. El avance, sin embargo, ha sido desigual entre sectores y todavía existe una importante reserva de productividad asociada a la informalidad, la limitada incorporación tecnológica y la baja sofisticación de parte del aparato productivo.
La cuestión central, por tanto, no es si la República Dominicana está condenada al estancamiento, sino cómo convertir el crecimiento acumulado en un proceso sostenido de aumento de la productividad.
1. El estancamiento secular y la economía dominicana
La economía internacional atraviesa una etapa de elevada incertidumbre. Las tensiones geopolíticas, la fragmentación comercial, los cambios en los precios de la energía y las condiciones financieras internacionales afectan las decisiones de inversión de empresas y gobiernos.
Pero incertidumbre y estancamiento secular no son sinónimos.
El concepto de estancamiento secular se refiere a una situación en la que la economía enfrenta dificultades persistentes para generar suficiente demanda e inversión a tasas de interés compatibles con pleno empleo, crecimiento adecuado y estabilidad financiera. Nosotros no estamos en esa situación. Entre sus posibles causas se encuentran la demografía, el menor crecimiento de la fuerza laboral, las expectativas de baja productividad, la distribución del ingreso y la reducción de oportunidades de inversión.
La experiencia reciente demuestra, sin embargo, que la productividad puede acelerarse cuando aparecen nuevas tecnologías y cuando estas se acompañan de inversión en infraestructura, capital humano, organización empresarial e innovación.
Para la República Dominicana, el objetivo debe ser aprovechar precisamente esas oportunidades.
2. Crecimiento elevado, pero productividad desigual
Durante las últimas décadas, la estructura productiva dominicana se transformó significativamente. Los servicios adquirieron mayor peso, mientras disminuyó la participación relativa de la agricultura y de algunas actividades industriales tradicionales.
Esta transformación generó sectores internacionalmente competitivos, entre ellos turismo, zonas francas, servicios empresariales, logística y determinadas ramas manufactureras. Pero el traslado de trabajadores hacia los servicios no garantiza por sí mismo un aumento sostenido de la productividad.
La OCDE ha señalado que una parte importante del empleo se ha generado en comercio y otros servicios con niveles de productividad inferiores al promedio. El siguiente salto del desarrollo dominicano debe depender, por tanto, menos de aumentar simplemente el número de trabajadores y más de elevar lo que cada trabajador produce.
Esto implica incrementar simultáneamente el capital utilizado por trabajador, la incorporación tecnológica, la capacitación y el valor agregado de la producción.
3. La productividad como principal desafío
La productividad laboral dominicana ha mostrado una tendencia ascendente durante las últimas décadas, aunque con interrupciones.
La crisis de 2020 provocó una caída, seguida de una fuerte recuperación en 2021. El Banco Central, utilizando el PIB real por hora trabajada, registró un índice de productividad laboral de 107.68 en el cuarto trimestre de 2024, tomando 2019 como base 100.
El dato es importante porque indica que la recuperación posterior a la pandemia no fue exclusivamente una recuperación del empleo y del producto: también hubo un aumento de la producción por hora trabajada.
La productividad, sin embargo, presenta fuertes diferencias sectoriales. La industria y la construcción muestran niveles superiores a la agricultura y a buena parte de los servicios. Esto significa que la reasignación de trabajadores hacia actividades de mayor productividad puede contribuir al crecimiento, pero también que existe un amplio margen para elevar la eficiencia dentro de las empresas existentes.
La transformación productiva no consiste únicamente en atraer empresas de alta tecnología. También exige digitalizar, automatizar, capacitar y mejorar la gestión de las empresas que ya operan en el país.
4. República Dominicana frente a América Latina
El problema de productividad es regional. La OCDE estima que la productividad laboral promedio de América Latina y el Caribe equivalía en 2023 a aproximadamente un tercio de la productividad de la OCDE, y la brecha se ha ampliado respecto de décadas anteriores.
La CEPAL identifica una combinación de bajo crecimiento, baja productividad e insuficiente inversión como uno de los principales obstáculos estructurales de la región.
Dentro de este contexto, la República Dominicana presenta un desempeño relativamente favorable. La CEPAL estima que el crecimiento potencial dominicano durante 1990-2022 se situó alrededor de 4.9 %-5.0 %, uno de los niveles más elevados de su grupo regional.
Esto conduce a una conclusión fundamental: el país no parte de una situación de bajo potencial de crecimiento; el reto consiste en preservar y elevar ese potencial mediante aumentos sostenidos de productividad.
5. Inversión pública: más recursos, pero también mayor exigencia
La inversión pública constituye uno de los instrumentos fundamentales para ampliar la capacidad productiva de una economía. Carreteras, transporte, agua, saneamiento, energía, infraestructura digital, escuelas, hospitales y sistemas logísticos pueden generar beneficios económicos y sociales que trascienden el período presupuestario en que se ejecutan.
Por ello, no basta con observar cuánto se invierte. Es necesario analizar cuánto representa la inversión respecto al tamaño de la economía, cuánto aumenta respecto al año anterior, qué proporción del presupuesto se ejecuta y hacia qué sectores se dirige.
Los datos oficiales muestran un cambio importante después de 2021.
La ejecución de proyectos de inversión pública pasó de RD$50,925.6 millones en 2021 a RD$84,496.7 millones en 2022; RD$114,969.2 millones en 2023; RD$106,233.5 millones en 2024, y RD$118,710.6 millones en 2025. En términos nominales, la inversión ejecutada en 2025 fue 11.7 % superior a la de 2024.
El cambio resulta todavía más evidente al comparar períodos. El promedio anual ejecutado entre 2019 y 2022 fue de aproximadamente RD$63,830.5 millones, mientras que entre 2023 y 2025 alcanzó RD$113,304.5 millones: un nivel aproximadamente 77 % superior.
La evolución relativa también es significativa. La inversión pública ejecutada representó:
- 0.9 % del PIB en 2021;
- 1.4 % en 2022;
- 1.7 % en 2023;
- 1.4 % en 2024;
- 1.5 % en 2025.
Es decir, después de alcanzar 1.7 % del PIB en 2023, la inversión descendió en términos relativos en 2024 y recuperó parcialmente terreno en 2025.
Por tanto, la conclusión no debe ser simplemente que "la inversión pública aumentó". La conclusión más precisa es que aumentó considerablemente en términos nominales y se mantuvo en niveles superiores a los registrados antes de 2022, pero su peso relativo en el PIB sigue siendo moderado.
6. Ejecución presupuestaria: el cambio después de 2021
Otro indicador relevante es la relación entre lo ejecutado y lo programado inicialmente.
En 2021 se ejecutó apenas el 57.3 % del presupuesto inicial de los proyectos de inversión pública. En 2022 la ejecución alcanzó el 109.3 %; en 2023, el 133.3 %; en 2024, el 103.9 %, y en 2025, el 125.6 %.
El dato de 2025 significa que se ejecutaron aproximadamente RD$118,711 millones frente a unos RD$94,500 millones inicialmente programados. Es una diferencia considerable y confirma que, desde 2022, la ejecución ha superado sistemáticamente la programación inicial.
Este comportamiento debe interpretarse con cautela. Una ejecución superior al 100 % no significa necesariamente que la planificación inicial haya sido óptima. También puede reflejar modificaciones presupuestarias, incorporación de proyectos o ampliaciones durante el ejercicio.
Por eso, la calidad de la inversión debe medirse no solamente por el porcentaje ejecutado, sino por la calidad de los proyectos, su avance físico, su rentabilidad social y económica y su capacidad para generar productividad futura.
El informe oficial de 2025 muestra, además, que el 97.9 % de la inversión ejecutada correspondió a proyectos de capital fijo, mientras apenas 1.7 % correspondió a capital humano y 0.4 % a creación de conocimiento.
Esta composición plantea una cuestión estratégica: la infraestructura física es indispensable, pero la economía del conocimiento exige que una proporción mayor de la inversión se complemente con formación, innovación, investigación y tecnología.
7. ¿En qué se está invirtiendo?
La composición sectorial de la inversión resulta tan importante como su volumen.
En 2025, transporte absorbió RD$54,533.1 millones, equivalentes al 46 % de la inversión pública ejecutada. De ese monto, RD$43,450 millones correspondieron a carreteras y RD$10,482.9 millones a la construcción y ampliación del Metro de Santo Domingo.
La segunda gran función fue vivienda y servicios comunitarios, con aproximadamente 13 % del total, incluyendo abastecimiento de agua potable, urbanización y desarrollo comunitario. Salud recibió RD$10,105.2 millones, cerca del 9 %, mientras educación recibió RD$5,221.5 millones.
La concentración también puede observarse por instituciones. El Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones ejecutó RD$47,700.4 millones, el 40.2 % del total; el Ministerio de Vivienda y Edificaciones, RD$21,382.9 millones, equivalente al 18 %, e INAPA RD$11,491.2 millones, el 9.7 %. Estas tres instituciones concentraron cerca del 68 % de la ejecución de 2025.
La distribución territorial también merece atención. Santo Domingo recibió RD$28,414.2 millones, equivalentes al 23.9 % del total, y el Distrito Nacional RD$14,144.8 millones, el 11.9 %. Al mismo tiempo, la inversión per cápita fue considerablemente mayor en provincias como Pedernales, Elías Piña y Dajabón, lo que demuestra que el análisis territorial no puede limitarse a los montos absolutos.
Esto confirma la importancia de utilizar simultáneamente indicadores absolutos, relativos y per cápita.