El fenómeno de la globalización ha inducido a grandes innovaciones que han impactado en la vida social a escala planetaria, algo irrefutable. Pero resulta que este fenómeno ha estado acompañado de la dispersión o desgaste de las antiguas instituciones del Estado de bienestar, situación que han dado paso a un proceso de individuación que amplió las prácticas liberales, tanto en la formación del universo económico, como en las subjetividades.
Y es que el omnipresente fenómeno de la globalización ha ido generando un malestar con lo universal, lo colectivo y lo público, al tiempo que prometió un menú de realizaciones microcolectivas o individuales que aún están incumplidas.
En adición, creó el espacio entre ciudadanos del mundo y ciudadanos locales, entre lo público y lo particular, entre los derechos económicos y sociales, y en ciertos casos, ha incrementado reclamos concretos o afines al acrecentamiento de los derechos individuales, pero también, ese proceso de individualización ha chocado con algunas medidas de gobiernos de carácter progresistas y, otras veces, conservadores.
En la actualidad, en las sociedades existen malestares múltiples que están engendrando desafectos frente a la gobernanza y los gobernantes que la economía no ha logrado mitigar por el nivel abrumador en que se acrecienta las desigualdades.
Y es que la trascendencia de la desigualdad, de la desestabilización de la vida habitual y de las expectativas individuales frente a lo que origina la corrupción, la inflación, política impositiva, hacen del mundo de la adhesión y participación en la democracia se torne indiferente de manera generalizada, fruto de las intensidades de estos malestares y la aparición de microviolencias.
Es obvio interpretar que una combinación de desigualdad y privilegios social retroalimentan la impresión de incertidumbre, al tiempo que deteriora los lazos de respaldo.
Se trata de que la estimulada polarización, la descomposición del tejido social y la inseguridad crónica demuestran la desproporción existente entre la evolución sistémica y la subjetividad a partir del afianzamiento del malestar.
Es decir, la brecha entre el progreso de los sistemas económico, político y social, y la cimentación de un contorno de vida cotidiana satisfactorio, inducen esta sensación de intranquilidad existencial.
A la Luz de la razón, tal situación se construye y surge por dificultades como la desigualdad, la precariedad laboral, la falta de oportunidades y la crisis de representación, lo cual se manifiesta de forma tácita con dejadez y activa protestas y movilizaciones callejeras.
Pues las evidencias empericas, muestran que este malestar se engendra a partir de la existencia de crisis de confianza institucional, agudización de la desigualdad económica y fuertes precariedad laboral y social con impacto negativo en la salud, educación y la alimentación.
Una mirada detenida a lo que está ocurriendo a escala global permite observar la existencia de una progresiva insatisfacción social preocupante que estimula a la violencia, tal como el caso de Francia, España, Argentina, Chile y Paraguay.
Pues se trata de una expresión progresiva de insatisfacción social que ha provocado que muchos gobiernos pongan más atención a la criminalidad y a la violencia en perjuicio del interés por el curso de la economía, abandono este que estaría explicando en una alta proporción el deterioro inocultable que se observa en la economía a escala planetaria.
En la actualidad, la economía mundial se caracteriza por un crecimiento cada vez menor, girando alrededor de un 2%, proyección 2026. Además, existen amenazas de grandes riesgos, tales como es una creciente deuda pública, inflación por los precios elevados de la energía, afectando especialmente a los países que no producen petróleo.
A escala planetaria se está asistiendo a una enorme tensión económica que, al mismo tiempo, están provocando una reducción de los espacios fiscales del que disponen los Gobiernos para financiar sus políticas y en numerosos casos, desfavorable a la salud y educación.
En tal virtud, es recomendable que, para mitigar este malestar social, se sugiere que los gobiernos deben apelar a una política de desarrollo económico y social eficaz cimentada y organizada sobre la base del Estado de derecho, pensada para atraer mayor inversión nacional y extranjera con innovación tecnológica, capaz de satisfacer las aspiraciones de la sociedad, incorporando así una nueva estrategia del modelo económico con menos riesgos.
leídas