El poder de las palabras II
Continuando con el valor y el poder que tienen las palabras, puedes empezar a hablarles a los demás de la misma manera que te gustaría que ellos te hablen a ti.
Pocas personas conocen a la perfección el idioma o usan acertadamente las palabras para expresar una idea, sin importar que meta real de conversar es siempre tratar de lograr una comunicación eficaz.
Piensa, cuando haces un buen trabajo, ¿qué clase de palabras quieres escuchar de tu jefe? Por supuesto, anhelas escuchar: Que buen trabajo o tu trabajo es importante. las mismas pueden estimular y fortalecer tu autoestima personal y profesional.
Hay momentos que nos sorprendemos cuando, sin ningún motivo, nos alagan o reconocen. Son detalles que nos gustan, entonces comienza a practicarlo con todas las personas que están cerca de ti. La idea es ayudarte a que puedas usar palabras que edifiquen el valor personal de cada individuo. Busca cualidades buenas y expréselas, haz que las personas se sientan especiales.
Hay un pasaje en las Escrituras que nos enseña cómo debemos usar las palabras, es el caso de la mujer adúltera (San Juan 8:1). Esta mujer era arrastrada por las calles polvorientas de la ciudad, diciéndoles toda clase de palabras descompuestas. La trajeron a Jesús para escuchar que su opinión acerca del pecado de ella.
El utilizó una palabra que es una de mis preferidas, que se encuentra en el versículo 11 del mismo capítulo. Mientras todos querían condenarla, Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.
Sus palabras fortalecieron a esta mujer. Ella se fue feliz porque Jesús no la condenó, El la animó.
Las palabras de Jesús tienen un poder para levantar nuestra autoestima.