El Control Congresional Chino

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En la República Popular China, la cuarta nación más grande del mundo, con la mayor población y la primera en cuanto a exportaciones se refiere, Deng Xiaoping estableció un régimen político post Mao Zedong en el cual el Partido Comunista es el eje fundamental del poder político, económico y social, aglutinando a unos 76 millones de adeptos, equivalentes a uno de cada doce chinos adultos.

Lo que una vez fue un partido impulsador de revoluciones, hoy es parte de una retorica cada vez más distante entre sus postulados filosóficos y las realidades de sus decisiones, las cuales parecen responder a una especie de “Consenso de Beijing”.

Aún siguiendo el modelo universal del comunismo que estableció Vladimir Lenin, el Partido mantiene el control de todas las decisiones importantes, convocándose periódicamente a reuniones ampliadas que denominan Congreso del Partido, donde impulsa reformas a la par de un estricto control del aparato público y la vida de sus conciudadanos: y mantiene vigente el control sobre la base de la estrategia de los tres pilares: control del recurso humano, de la propaganda y de las fuerzas armadas.

El control que el Partido ejerce sobre y en el Congreso es una responsabilidad de enormes dimensiones, por cuanto habiéndole abierto a la población china el apetito de la estabilidad macroeconómica, el desarrollo y el bienestar, se ha creado un desafío permanente hacia el futuro.

Algo parecido a esta apertura de apetito y de control congresional se presenta en el país. Más que sospechar cualquier peligro, concentrémonos en el esfuerzo renovador y modernizante que requiere el país, donde una educación fortalecida, una energía accesible, la universalidad de la salud y la seguridad ciudadana son los verdaderos desafíos. Para eso debe servir el control congresional.

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El Día

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