’Banana split" es el helado que para muchos sabe a infancia
- Quienes fueron niños o jóvenes durante las décadas de los 70 y 80 posiblemente recuerden la escena: una fuente alargada llegaba a la mesa con un plátano abierto por la mitad, varias bolas de helado, sirope, crema batida, frutos secos y aquella cereza que parecía colocada estratégicamente para coronarlo todo.
Mucho antes de los helados artesanales, los sabores exóticos y los postres diseñados para Instagram, compartir un 'banana split' era para muchos una de esas pequeñas celebraciones que convertían una visita a la heladería en un acontecimiento.
Quienes fueron niños o jóvenes durante las décadas de los 70 y 80 posiblemente recuerden la escena: una fuente alargada llegaba a la mesa con un plátano abierto por la mitad, varias bolas de helado, sirope, crema batida, frutos secos y aquella cereza que parecía colocada estratégicamente para coronarlo todo.
Era el 'banana split', un postre que durante décadas ocupó un lugar privilegiado en las heladerías y que hoy, desplazado por nuevas propuestas, quizás resulte desconocido para muchos jóvenes.
Cada 25 de agosto se celebra de manera informal el Día del Banana Split, una excusa perfecta para recuperar del recuerdo uno de los postres emblemáticos de varias generaciones.
Pero hablar del banana split también significa regresar a una época en la que ir a comer helado era parte del entretenimiento familiar y juvenil.
Una fuente inolvidable
La presentación era parte de su encanto. El banana split tradicional se sirve en un recipiente alargado, popularmente conocido como boat o barquito.
Un plátano maduro se corta longitudinalmente y entre ambas mitades se colocan tradicionalmente tres bolas de helado, generalmente de vainilla, chocolate y fresa.
Luego llega la parte que lo convertía en un espectáculo: siropes de diferentes sabores, crema batida, frutos secos y cerezas para completar un postre pensado tanto para disfrutarse como para compartir.
El nombre procede precisamente de esa preparación: 'split', en inglés, hace referencia al plátano dividido longitudinalmente. La versión clásica se popularizó en Estados Unidos a principios del siglo XX y posteriormente las fuentes de soda y heladerías contribuyeron a extenderla.
Con los años aparecieron innumerables versiones y cambiaron los sabores, se incorporaron frutas, galletas, chocolates y diferentes coberturas, pero permaneció la imagen característica del plátano abrazando las bolas de helado.
Para quienes crecieron décadas atrás, sin embargo, quizá su importancia tenga menos que ver con la receta que con el ritual que representaba.

La cultura de las heladerías
En República Dominicana existió una cultura de heladerías que marcó varias generaciones y para los años sesenta ya funcionaban establecimientos y marcas como Capri, Bodden, Noris y la sorbetera Pinocho, además de los helados Hatuey, aunque anteriormente habían alcanzado notoriedad Helados Imperiales y otros fabricantes locales.
Capri ocupa un espacio particular dentro de los recuerdos de la generación de aquella época, ya que, según una investigación disponible en el repositorio de la Universidad Autónoma de Santo Domingo que reproduce un anuncio publicitario de Heladerías Capri de 1978, describe el establecimiento en Santiago como un punto de encuentro y recreación para los jóvenes de los años setenta.
En Santo Domingo también existía esa dimensión social y una crónica del historiador José del Castillo Pichardo recuerda que, desde 1971 o 1972, una peña de profesores universitarios y amigos se reunía cada noche en Capri, grupo que llegó a ser conocido como los “comehelados de los Capri”. La misma crónica recuerda visitas a Bar América, Los Imperiales y Helados Rex.
A ese mapa sentimental se sumarían después otros nombres como la desaparecida Heladería Manresa y Frigor; mientras que Helados Bon empezaba a escribir su historia en 1972 y luego el surgimiento de Nevada en 1979, luego de la división de Capri.
Eran lugares para ir en familia, encontrarse con amigos y hasta para las primeras citas.
Una evocación sobre Capri resume muy bien aquella costumbre: invitar a alguien a “comer helado” era también una forma de socializar y cortejar.
Y en ese universo de copas, barquillas, batidas y fuentes de helado, postres como el banana split representaban algo especial.
Hoy la experiencia es diferente, pues las heladerías ofrecen combinaciones que hace cuatro décadas probablemente habrían parecido inimaginables y las redes sociales han convertido la apariencia del postre en parte importante de su atractivo.
Sin embargo, quizás ahí radique la gracia de recordar el 'banana split' este 25 de agosto… para algunos será simplemente un plátano con tres bolas de helado y muchas coberturas; mientras que para otros, verlo nuevamente sobre una mesa puede ser suficiente para regresar por unos minutos a la heladería de su infancia.
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