Martes, 25 de septiembre, 2018 | 2:18 am

“No son todos los que están, ni están todos los que son”



Es penosa, deplorable, patética y lamentable, por solo utilizar cuatro calificativos, la situación por la que atraviesa el béisbol dominicano en torneos internacionales.

No existe una explicación válida para justificar la “fatalidad” que lo afecta desde hace varios años, sin que al parecer, a nadie le importe un “carajo”.

Hace tiempo que el colega Juan Mercado viene denunciando la anómala situación, pero los responsables de revertirla, argumentan aspectos institucionales, como “el debido respeto a la autonomía de las federaciones”, se hacen los “sordos, ciegos y mudos”. Una posición muy cómoda.

¿Cuál es el temor que impera, para que nadie haya dicho ni siquiera “esta boca es mía”?
Todo es una complicidad de mal gusto, que ya hastía a quienes de una u otra forma se interesan por el presente y futuro de esa disciplina.

Cuando Héctor- Tito- Pereyra tomó las riendas de la Federación, hace más de 20 años, creí que sería una “salvación”, porque es un “mago”, un “genio” en los temas que se involucra.

Pereyra ha resultado ser una especie de “güirero” en conjuntos típicos, que se auto proclaman músicos, aunque nadie hasta ahora los reconoce, incluso, en un momento dado, el profesor Juan Bosch, los descalificó como tal.

No toda la culpa hay que endilgársela a Tito Pereyra, dado que existen intereses a los que nadie quiere entrarle el pico, pero solo lo comentan por lo bajo, y ese monstruo de siete cabezas, son los escuchas o busca talentos, que actúan sin ningún control del Estado, que está llamado a poner el orden en todos los sentidos.

Aquí será muy difícil, bajos las actuales condiciones, integrar equipos de aficionados en capacidad de tener actuaciones sobresalientes en eventos internacionales.

Y es que aunque no se quiera admitir, las firmas al profesionalismo condicionan la participación de jugadores con posibilidades de ser firmados.

Si bien muchos llegan, la realidad es que más del 80 por ciento se queda en las calles sin ninguna preparación académica cuando son dados de baja, aunque por suerte, ahora las academias tienen centros de enseñanzas propias para evitar que este mal se siga propagando.

Ante esta situación, lo más recomendable en las actuales circunstancias, es analizar con pelos y señales las deficiencias y errores cometidos.

De esa forma se podrá determinar de una vez por todas, con pelos y señales, el por qué los disparos no alcanzan el objetivo, a pesar de que se está tirando con modernas armas de largo alcance en un polígono moderno, pero parece que es como “gastar pólvora en garzas”.