Y nadie preso
Luego de redactar estas líneas, la medida sobre los marbetes de vehículos fue postergada por el presidente Danilo Medina para el próximo año, aún así, me pareció prudente que se sepa cómo nos sentimos muchos:
Creo no equivocarme si digo que para una mayoría de dominicanos los temas que tienen que ver con su vehículo son sensibles; yo diría que hasta apasionantes. Vivimos en una cultura que rinde tributo a esas máquinas. Ciertamente nos gustan los carros; quien les escribe es "loco" con ellos.
Mi primer transporte fue la camioneta del campo: una Isuzu KB 1979 que cuando no pudo más, me la enviaron para ir a la universidad en ella. La acababan de "mejorar", haciéndole la cama de hojalata en un taller de Pinar Quemao, en Jarabacoa. Recuerdo que al ser de gasoil, había que esperar que un alambrito se pusiera caliente para que encendiera. ¡Imagínense, usted esperando en el solazo a que el alambrito calentara!
Después de varios meses de quejarme de que no se le quitaba el "bajo" a finca, y que no cabíamos, si salía con la novia y con amigos, porque sólo tenía una malograda cabina, mi padre, finalmente, hizo un negocio de permuta de cinco caballos de paseo, a saber: El Rubio, Don Pepe, Don Chu, Campesino y Gachito, (este último se llamaba así porque tenía una oreja caída, pero tenía excelente paso), por un Toyota Starlet 1987.
Cuando me llamó para irlo a buscar, di más brincos que un chivo (era como un Ferrari para mí).
Recuerdo perfectamente sus palabras: "primero y último; de ahora en adelante usted se compra sus carros con su trabajo".
Y así fue. Sé y he vivido lo que es esforzarse para comprar un vehículo, por eso, al escuchar los nuevos precios de los marbetes ciertamente me molesté.
En un país con un transporte público deficiente, todos queremos andar bien montados, y estos aumentos impositivos no ayudan.
Me consta que quien dirige la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) en este momento es un profesional íntegro, un gentleman, cuyo proceder está por encima de lo normal: Guarocuya Félix. Mi profesor y amigo de la especialidad en gobierno y políticas públicas, es una joya; por eso me atrevo a pedirle que más allá de lo aprobado en la última reforma fiscal y la idea diluyente de pagar en partidas, escuche los reclamos que hacen algunos sectores, especialmente la Asociación de Importadores de Vehículos Usados (ASOCIVU) sobre la forma de valorar los vehículos.
La explicación de que un 40% pagará menos, es un alivio a medias, pues ciertamente la idea no debería ser que por tener carros baraticos se pague poco, sino que cada dominicano pueda mejorar su medio de transporte. Así pues, si suben los importes a pagar será más difícil, y me pongo de ejemplo: mis dos vehículos, una Infiniti FX35 2004 y un Mazda 6 2009, pagarán más del doble y quizás el triple de lo que pagaban y ninguno de ellos, por el año o modelo, puede ser considerado de lujo.
Además, seamos sinceros, es un trago amargo tener que pagar más porque alguien se dio a la tarea de dispendiar el erario público y desequilibrar el presupuesto, y que precisamente, ésos que lo hicieron , no tengan preocupación por el aumento que se haga, pues con lo hurtado les da y sobra para cualquier eventualidad.
Oiganme, da cuerda. Y nadie preso.