Vive para ti (1-4)

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Las mujeres continuamente nos quejamos de la ingratitud de los seres amados, por mucho que hacemos para esas personas, ellos, lejos de agradecer, exigen más y más.

No es raro escuchar a la madre, abuela, hermana o esposa expresar tristeza por las insolentes expresiones que escuchan de parte de hijos, nietos y esposos.

Las mujeres que más sufren son aquellas que dejan su vida de lado para dedicarse a sacar adelante a esos hijos, en muchos casos, porque les resulta más económico quedarse en el hogar que pagar por su cuidado o aquellas que se quedan en casa porque los esposos pueden solventar el peso económico de la familia.

No podemos olvidar aquellas madres solteras, divorciadas o viudas que trabajan para garantizar el sustento de la familia.

Son muchas las circunstancias por las cuales una mujer asume con entrega la responsabilidad de ayudar a otros aún más allá de lo esperado o estipulado socialmente, entre las que tendríamos que enfatizar la presión social. Una mujer que no cuida de su madre o padre o cualquier otro miembro de su familia tiene que enfrentar la critica de su entorno.

A juicio de los estudiosos de la conducta humana, si bien tenemos el compromiso de ayudar, proteger, encaminar a nuestros hijos, hermanos, padres o pareja, también tenemos que velar por nosotras mismas y nuestra estabilidad económica, emocional y social.

Tenemos que establecer dónde empiezan y terminan nuestros compromisos para con los demás y qué podemos o no aceptar.

Cada uno debe hacerse consciente. Respetar y hacer valer los derechos de cada uno, pero en especial los propios, porque es más que claro que si no te quieres a ti mismo lo suficiente, nadie lo hará

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El Día

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