Vía Lucis
¡Que bueno estar vivos! Ni los muertos visitan sus tumbas.
Los católicos dedicamos tanto esfuerzo en celebrar la cuaresma y la semana santa -en sí eso es positivo- que olvidamos lo más importante: la Resurrección. Si Cristo no ha resucitado vana es nuestra fe, afirmaba el apóstol Pablo.
Su maestro, nuestro maestro, había dicho que había venido para traer vida y vida en abundancia, así que no estamos llamados para la muerte si no para la vida.
Vida que es justicia, nadie lo dude, justicia social, política, económica. Vida que es perdón. ¡Ay si no fuéramos perdonados! Vida que es trabajo como lo señalaba Escriva Balaguer en sus textos.
Vida que es abundante redención como lo señalaba y vivía Alfonso María de Ligorio. Vida que es la mesa abundante para todos, sin importar si creen o no, mesa para todos los pecadores, que lo somos todos, ya que la santidad solo es posible por la Gracia, no por nuestros esfuerzos tan toscos.
Celebremos la resurrección con más intensidad que la muerte, ya que el Vía Crucis solo tiene sentido por que apunta al Vía Lucis.
El Reino de Dios está entre nosotros, es una realidad palpable, material, espiritual, intelectual, pero debemos construirla, no es para vagos, es para obreros y obreras del Reino.
Que los signos de Francisco, una excedencia de Dios para nosotros, impregnen a nuestra Iglesia y nos haga fraternos con todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
Desde la pobreza evangélica liberemos nuestras ataduras a los bienes materiales, ya que ninguna mortaja tiene bolsillos, la riqueza únicamente sirve para compartirla.