Utilidad como perversión
Bueno es saber que los vasos nos sirven para beber; lo malo es que no sabemos para qué sirve la sed. Machado.
¿Cuál Caín inventó una perversión tan grosera como la utilidad? ¿Fue el que convirtió la tierra que nos sustenta en propiedad privada?
¿El que trastocó a sus hermanos en esclavos o recursos humanos? ¿O quien le dio precio al pan que nos comemos? ¿Quien prostituye más, el que compra el sexo de una mujer o quien compra el trabajo ajeno a cambio del hambre?
La generosidad fundante de nuestra existencia es convertida en mercancía. Hemos convertido nuestras experiencias sociales en infiernos terrenales.
La solidaridad es gesto accesorio, mientras la ambición y la explotación regula nuestro vivir.
No hay amigos, a lo sumo pocos, todos son clientes, empleados, votantes, subalternos, en fin, recursos útiles para nuestra ventaja.
La naturaleza ha sido convertida en riqueza para el usufructo de los más avivatos.
Se mina la tierra para hacer ricos a pocos con el oro o construir armas con el hierro.
Los productos agrícolas son bienes para la venta, no para alimentar, y si no dejan beneficios qué importa los que necesitan comer.
Historiamos a quienes explotaron, olvidamos a los unos de tantos que murieron mandados por generales cubiertos de medallas y honores. Motivamos a nuestros hijos a ser importantes, a que sean de los que manden y expropien la riqueza de la mayoría, por tanto el vicio ha pasado a ser la virtud.