Unos datos incómodos

editorial

Hasta ahora la violencia de género, la intrafamiliar y el feminicidio están siendo atacados en el país bajo la sombrilla de las leyes penales, y está bien que sea de esta manera, particularmente ante hechos cumplidos.

El tema es pertinente, hoy que la sociedad dominicana se encuentra ante una duplicación del registro de muertes por esta causa en el primer semestre del año, en relación con igual período del año pasado.

Los datos han sido aportados por la Fundación Vida sin Violencia, que ha contabilizado 47 casos frente a 27 reportados el año pasado.

La cruda realidad es que muchos hombres están matando mujeres en medio de crisis afectivas y de convivencia.

Pero de acuerdo con el Ministerio de Interior y Policía, el año pasado hubo en el país 585 suicidios y ocurre que por lo menos 83 de cada cien fueron de hombres. O lo que es lo mismo, que de las 585 muertes por propia mano o voluntad, 486 fueron de hombres.

Algunos de estos suicidios debieron de haber tenido lugar después de un feminicidio o a continuación crisis en la relación de pareja.

Después de una amenaza, de un ataque o una muerte, la vía principal para tratar con el agresor u homicida debe ser penal, sin desmedro de algunas formas de ayuda conductual que puedan ser utilizadas.

¿Será posible una vinculación de estas formas de la violencia con la depresión? Parece una pregunta para especialistas de la conducta humana, pero de todos modos la hacemos, porque el mismo disparador mental que lleva a una persona a privarse de la vida pudiera estar actuando en la violencia hogareña y de pareja.

La vinculación de ambas estadísticas —las del Ministerio de Interior y Policía y las de Fundación Vida sin Violencia— sería un ejercicio inútil sin pedir, o sugerir de alguna forma, que el hombre dominicano sea tratado con anticipación para evitar el feminicidio, el suicidio, la cárcel y las orfandad.

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