Una visión diferente
Mi vida, como la de todas las personas que conozco, ha sido un largo tejido de relaciones, unas buenas y otras malas. Yo las valoro positivamente todas.
Esto lo escribió uno de mis autores favoritos, Leo F. Buscaglia, en su libro Amándonos los unos a los otros. Este libro llegó a mis manos en mi adolescencia y desde ese tiempo me acompaña para recordarme siempre la importancia que tiene el amor, la ternura, la compasión, el cariño, la convivencia y la comunicación con los demás, pues, sin estos sentimientos, la vida está vacía, aunque se tenga una salud de hierro, una casa espléndida y una cuenta impresionante en el banco.
Soy una abanderada de las buenas relaciones, de comunicar y de compartir, pues sin estos sentimientos perdemos nuestra esencia, eso que nos diferencia de los animales. Somos seres racionales que, cada vez más, nos cuesta ser amables, hasta un simple saludo resulta difícil de pronunciar. Por eso concluyo dejándoles un fragmento de este maravilloso libro: Al que ama se le considera un ingenuo. Si eres feliz, te llaman simple y frívolo. Si eres generoso y altruista, te miran con recelo. Si eres tolerante, te tachan de débil. Si eres confiado, te tildan de tonto y si procuras ser todas estas cosas, entonces la gente está plenamente convencida de que eres un hipócrita. Esta actitud superficial ha contribuido en buena medida a producir una sociedad de gentes despegadas y autosuficientes, tan sofisticadas que no admiten que se sienten desgraciadas y tan embebidas en su ego que no se atreven a buscar el remedio. Ha perpetuado el aislamiento y devaluado los valores humanos.
Recuerden que por muy seguros que parezcamos, todos nos necesitamos unos a otros.
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