¿Una Venezuela madura?
El triunfo de Maduro era esperado, pero el estrecho margen de su victoria fue inesperado.
A pesar de la memoria fresca de Chávez el chavismo no logró movilizar suficientes votos para un triunfo semejante al de finales del año pasado.
La gobernabilidad en Venezuela pasa por la integración de la agenda de la oposición si el gobierno busca estabilizar su nuevo mandato.
Los liderazgos no se heredan, nuevamente se confirma. El socialismo del siglo XXI necesitará encontrar nuevos caminos si pretende cumplir el sexenio que ahora se inicia y más allá.
Está claro que el hermano pueblo venezolano no puede seguir arrastrando una economía ineficiente y mucho menos el grado de violencia social que le abate.
Es hora de pensar con sensatez e integrar sectores que el liderazgo de Chávez pudo marginar en base a su carisma.
No es posible en una economía mundial capitalista como la existente impulsar cambios sociales sin darle garantías al empresariado medio y alto para desarrollar sus negocios.
Maduro, si quiere madurar su gobierno, deberá impulsar una economía de mercado que garantice la producción y distribución de bienes esenciales.
Tendrá que convertir la riqueza petrolera, sin perder su orientación social, en una fuente de recursos que garantice la productividad y la autosuficiencia alimentaria.
Un Estado ocupado en comprar alimentos del exterior y distribuirlos colapsará necesariamente, no hay suficiente petroleo que financie semejante absurdo.
La tarea está clara, el nuevo gobierno debe ganar su legitimidad tomando medidas que sean razonables ya que la memoria de Chávez no da para más, esa es la gran lección de estas elecciones.