Una muerte anunciada
La paralización de carreras en el hipódromo Quinto Centenario, tal y como ocurrió ayer, se veía venir desde hace un tiempo.
Una moderna instalación, quizás la más moderna de toda el área del Caribe, no ha sido aprovechada en lo más mínimo para desarrollar la crianza caballar en el país.
Se pensó que esta obra se convertiría en un centro de atracción turístico de primer orden.
Sin embargo, la politiquería, que todo lo infecta o destruye en este país, se está llevando por delante una actividad que había sido exitosa, incluso, hasta en la tiranía trujillista.
Es una lástima que decenas de jockey, entrenadores, narradores, comentaristas y cientos de obreros queden en las calles por esta paralización, producto del incumplimiento en el pago a los propietarios de ejemplares.
Si no se busca una rápida solución al impasse, veremos muy pronto el hipódromo, construido en el último gobierno de Balaguer a un costo multimillonario, como un gigante almacén de chatarras.
Ante la actual disyuntiva, todo indica que al V Centenario le espera la misma suerte que corrió el Canódromo, una moderna instalación que está hoy cayéndose a pedazos.