Una muerte anunciada
Nadie, absolutamente a nadie, seguidor del béisbol debe estar sorprendido por la no escogencia al Pabellón de la Fama de Cooperstown de los jugadores ligados al uso de sustancias para mejorar el rendimiento.
La oposición al ingreso es una campaña que se desarrolló y tomó cuerpo desde hace varios años.
En el caso de Sammy Sosa, que es el que más nos concierne, se sabía que iba a ser rechazado.
Y que nadie alegue que la negativa se produjo por un supuesto racismo o por ser latinoamericano.
Todo fue producto, reitero, de una campaña bien orquestada por toda la estructura de las Grandes Ligas y hasta el Congreso de Estados Unidos.
Llama la atención la reacción de Sammy en un comunicado, donde la diplomacia se coloca en su punto más relevante.
Ha sido un gran honor para mí estar nominado para tal distinción por primera vez, junto con algunos de los grandes de este deporte. Incluso, el solo hecho de haber sido considerados por primera vez es un gran premio de por sí, además siempre hay una próxima vez, dice Sosa.
No hay signos de frustración y amargura, aunque en el fondo no puede sentirse mínimamente bien.