Un tambor puede ser más que un instrumento para un niño neurodivergente

  • El psicólogo Luis García explicó que con un instrumento de percusión se trabaja la atención, imitación, el ritmo y la espera.

La neurodivergencia de un niño no se puede concebir como un obstáculo, aunque su funcionamiento neurológico presente diferencias con respecto a lo considerado típico.
La neurodivergencia de un niño no se puede concebir como un obstáculo, aunque su funcionamiento neurológico presente diferencias con respecto a lo considerado típico.

Santo Domingo.- La música puede ser más que entretenimiento para los niños neurodivergentes. Tocar un tambor o seguir un ritmo puede convertirse en una oportunidad para trabajar la atención, autorregulación emocional, coordinación motora y permanencia en las actividades.

Un tambor puede ser más que un instrumento para un niño neurodivergente
Psicólogo Luis García.

El psicólogo Luis García explicó que cuando un niño toca un tambor, no está realizando una simple acción, debido a la coexistencia de procesos que involucran la coordinación de movimientos, escucha y respuesta a los estímulos.

Sin embargo, aclaró que aunque dos niños compartan el mismo diagnóstico, las estrategias deben adaptarse a sus necesidades sensoriales y tolerancia a los sonidos. Como ejemplo, citó la hipersensibilidad auditiva de un niño dentro del espectro autista que no toleraría el sonido de un tambor, pero sí respondería mejor a sonidos suaves.

En cambio, si se trata de un infante con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) con una necesidad de movimiento elevada, sí se incorporan actividades musicales que impliquen movimiento, como desplazamientos y circuitos de coordinación.

"En ocasiones, antes de introducir un instrumento musical, comienzo con el baile o con movimientos corporales acompañados de música para favorecer la familiarización y la participación del niño", aseveró el versado en salud.

Además, aseguró que las necesidades del niño determinan qué herramientas los especialistas deben utilizar.

Cada actividad tiene un propósito

La incorporación de instrumentos musicales se realiza con un propósito, aunque no todos los niños aprenden de la misma manera ni al mismo ritmo.

El galeno indicó que con un instrumento de percusión se trabaja la atención, imitación, el ritmo y la espera.

Mientras que con la incorporación de un circuito psicomotor se desarrolla el equilibrio, la coordinación, planificación motora y el seguimiento de instrucciones.

Contrario al uso de pinturas, orientadas a estimular a motricidad fina, exploración de texturas, creatividad y permanencia en una actividad.

"Mi propósito no es que todos realicen exactamente las mismas actividades, sino identificar las fortalezas de cada niño y utilizarlas como punto de partida para desarrollar nuevas habilidades", aseguró.

¿Con cuántas sesiones de terapia se observan los avances?

Cuando un padre lleva a su infante a terapia le invade la duda de cuántas sesiones necesitará para observar avances significativos.

García explicó que algunos niños necesitan más tiempo que otros, porque "hay familias que pueden comenzar a observar pequeños cambios desde las primeras dos, tres o cuatro sesiones".

Sin embargo, aclaró que cuatro sesiones no necesariamente son suficientes para hablar de avances sostenidos.

Entonces ¿qué se interpreta como un "avance"?

Un tambor puede ser más que un instrumento para un niño neurodivergente

A su juicio, un avance puede ser que un niño que anteriormente rechazaba una actividad ahora permanezca durante algunos minutos, siga una instrucción, tolere mejor una transición o consiga esperar su turno.

"Hay niños que presentan dificultades para esperar, tolerar la frustración o controlar determinadas respuestas impulsivas", explicó.

Aquí radica la importancia de combinar la música, psicomotricidad y actividades físicas, para que, según el especialista, se puedan trabajar diferentes habilidades del desarrollo.

Mediante la música también se pueden trabajar habilidades relacionadas con el control inhibitorio, definido por el psicólogo como la capacidad de detener una respuesta automática o dominante para realizar otra más adecuada según la situación.

En estas terapias con ritmo también pueden participar los progenitores.

García consideró que estos pueden implementar actividades sencillas como juegos de turnos, canciones que incluyan pausas, ejercicios de imitación, secuencias rítmicas y juegos donde el niño deba esperar una señal antes de actuar.

De esta manera se trabaja el seguimiento de instrucciones, la coordinación y la espera.

"También pueden utilizar apoyos visuales, anticipar las actividades y establecer rutinas predecibles", sugirió.

Sobre el autor

Keysa Leger San Pablo

Keysa Leger Periodista