Un chin más
Solo resta que todos oren
Hay sentimientos extraños que a uno en determinado momento lo doblegan, lo parten en dos, lo sacuden y lo hacen mirar la vida de una forma diferente.
Ver a Feliz Vinicio Lora inmóvil en una camilla me hizo pensar muchas cosas, una de ellas es que él es fuerte, un hombre de gimnasio, como siempre suelo decirle, y eso me dice que él saldrá pronto de ese trance .
Él se va a recuperar. Todo esto me hizo buscar entre mis correos, los cuales guardo cuando me parecen interesantes, y recuerdo que al terminar su gestión en Acroarte en 2005 le escribí para decirle que él era antes que nada un ser humano excepcional, de esos que a uno le gustaría tener ahí para tan solo saber que existen.
También le escribía: Usted, querido amigo, puede contar conmigo, y no hasta uno, sino hasta un millón, como hubiese dicho Mario Benedetti. Él gentilmente me respondió: Es la 1:24 de la madrugada de hoy miércoles de 2005. Acabo de leer tu nota y la verdad que pensaba dejar pasar la madrugada para responderte, pero para poder digerir más tu detalle.
Me alegra saber que no te defraudé, que fragüé en las realizaciones, por lo menos, algunas de tus aspiraciones. Me quedo con la gran satisfacción de llevarme una amiga como tú, que en el momento adecuado, y a tiempo, supo brindarme su apoyo desde fuera y desde dentro, en las buenas y en las malas, en las altas y en las bajas. Así son los amigos. Y tú eres una.
Por eso hoy a mi querido amigo Feliz Vinicio Lora le digo que tranquilo, que Un hijo de María nunca perecerá. Tú saldrás de esa. Y saldrás porque tus amigos estamos contigo, y estaremos ahí con el mismo gusto que nos reuníamos a comer queso donde Arismendy.