Un caso incomprensible
El hipismo en todas sus vertientes, históricamente, ha sido denominado como una actividad de práctica exclusiva de la aristocracia.
En República Dominicana, desde su introducción, la clase dominante fue la dueña y señora de los ejemplares.
El dictador Trujillo, quien gobernó por más de 30 años, mostró más interés por la hípica que por cualquier otro deporte, incluyendo el béisbol, situación bastante llamativa, dado que los dominicanos son locos con su pelota.
Esa predilección del generalísimo, de sus hijos y sus amigos más íntimos por la hípica en todas sus vertientes, incluyendo el polo, fue factor determinante para que miles de dominicanos le comenzaran a dar seguimiento.
Tras la decapitación del trujillismo, ese deporte se democratizó, de tal forma que el desaparecido hipódromo Perla Antillana, donde está hoy la Plaza de la Salud, era lugar obligado para miles de capitaleños.
Por eso, no es fruto del azar que muchos ciudadanos clase media adquieran ejemplares, mediante grandes sacrificios, desconociendo el costo de poseer ejemplares.
Hoy se rasgan la vestidura ante la grave crisis económica que los agobia.
¿Cuáles son las causas del descalabro del hipódromo V Centenario? ¿Por qué no se busca una solución a una actividad de la que miles obtienen su sustento?