Sumergida en el correo

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A diario llegan a mi bandeja unos 150 emails, de los cuales por lo menos el 60% es relativo al trabajo, notas de prensa, invitaciones, confirmaciones y solicitudes y consultas. Dedico alrededor de 6 horas diarias a limpiarlo.

Tengo por regla no abrir mi correo viernes y sábado, días que no laboro en el periódico, como una excusa para alejarme de la esclavitud de la computadora. Sin embargo, estos días de libertad me salen caro al entrar nuevamente al ciberespacio, pues de la limpia bandeja de entrada, que dejé atrás el jueves en la noche, me recibe con hasta trescientos emails. Desde ayer tengo el reto de volver a limpiar mi correo, revisarlos uno a uno, bajar invitaciones, notas y fotos. No es queja. Sin embargo, me gustaría llamar la atención a un detalle que veo que se repite y va en aumento.

Al pasar balance de los emails he llegado a la conclusión que muchos de los que entran se repiten varias veces, pues para las oficinas de relaciones públicas, privadas o públicas, les resulta más “cómodo” reenviarte, “como si fuera un spam”, el mismo correo una y otra vez, hasta verlo publicado. Nada de llamarte para confirmar. Es más simple y cómodo reenviarlo.

Para los que piensan así, recuerden que al no repetir le ahorra tiempo al que recibe y le permiten agilizar su trabajo, eficientizando más las horas de labores, pero además cuidan el medio ambiente, pues el ‘spam’ produce a diario 17 millones de toneladas de dióxido de carbono, lo cual equivale a las emisiones de gases de efecto invernadero que producen 3.1 millones de autos particulares. En conclusión, al mandar un correo, piense primero si es necesario y no abuse de esta importante herramienta de trabajo. Sea consciente.

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El Día

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