Todavía ayer las autoridades de tránsito realizaban diligencias para establecer con tanta precisión, como lo permitan las evidencias, las causas del accidente de tráfico ocurrido el lunes al amanecer en el malecón del Distrito Nacional.
Uno de los tres vehículos involucrados era de los denominados “pesados”, mote con que los identifica cualquiera en las calles por su gran tamaño, lo que se traduce en un peso fuera lo común en las vías públicas.
Además del tamaño, propio de cualquier camión o patana, el que fue parte del siniestro estaba cargado con miles de galones de gasoil, combustible que ardió al derramarse en el lugar del choque y posterior vuelco ocurridos a las 6:50 de la mañana.
De la generalidad de los conductores de estos vehículos pesados se puede afirmar, sin riesgo de equivocarse, que carecen de la conciencia que sería de esperar, vistas las dificultades que debe tener quien los conduce para ver motocicletas y carros pequeños, como el Demio al que, según las versiones, golpeó por detrás antes de volcarse y atrapar contra la acera a la conductora de una yipeta que se desplazaba por la vía contraria.
La velocidad que les imprimen los conductores a estas moles les confiere una cantidad de movimiento de tales proporciones que ningún sistema de frenos puede controlar en una emergencia.
En realidad, aquel camión tanquero debió haber sido conducido por la circunvalación de Santo Domingo, que lo llevaría al mismo lugar al que se dirigía, en vista de que se desplazaba en dirección oeste/este, posiblemente procedente de Haina.
Una ordenanza del Ayuntamiento del Distrito Nacional restringe el tránsito de vehículos pesados por la ciudad entre las 6:00 a. m. y las 8:00 p. m., pero quizá sea demasiado pedir, que se cumpla con las regulaciones municipales y con la ley.
leídas