La nueva generación política que comienza a prepararse para tomar el relevo en las elecciones del 2028

Elecciones Presidenciales
Las elecciones del 2028 marcará un cambio generaciional.

EL DÍA
ANÁLISIS

SANTO DOMINGO.-
Las elecciones de 2028 podrían convertirse en el punto de partida de uno de los relevos generacionales más importantes de la política dominicana de las últimas décadas teniendo como referente a figuras surgidas de los propios partidos políticos o de representantes de expresiones propias de nuevos modelos de comunicación o interación social.

Por razones constitucionales, de edad o simplemente por el inevitable paso del tiempo, varias de las figuras que han dominado el escenario político nacional durante buena parte de este siglo comienzan a acercarse al final de sus posibilidades presidenciales, mientras detrás de ellas emerge un grupo de dirigentes con edades, trayectorias y formas de comunicarse muy diferentes.

David Collado, Carolina Mejía, Omar Fernández, Wellington Arnaud, Eduardo Sanz Lovatón y otros dirigentes que todavía no aparecen en primera línea representan distintas expresiones de esa generación que comienza a reclamar espacio.

Pero el fenómeno puede ir mucho más allá de una simple sustitución de nombres dentro de los partidos tradicionales.

La aparición de figuras como Santiago Matías sugiere que el relevo podría producirse también desde espacios culturales, sociales y comunicacionales que hasta ahora permanecían fuera de los mecanismos convencionales utilizados para construir liderazgo político.

Ese quizás sea uno de los elementos más interesantes de lo que puede comenzar en 2028.

El final de un largo ciclo

Durante buena parte de las últimas décadas, la política dominicana ha girado alrededor de un reducido grupo de dirigentes.

Hipólito Mejía, Leonel Fernández, Danilo Medina y Luis Abinader han ocupado la Presidencia desde el año 2000, pero a partir de 2028 ese panorama será sustancialmente diferente.

Abinader estará concluyendo su segundo período consecutivo y no podrá volver a presentarse a la Presidencia. Medina también está constitucionalmente impedido de aspirar nuevamente.

Hipólito Mejía, aunque conserva influencia dentro del PRM, pertenece naturalmente a una generación política que difícilmente puede plantearse como relevo presidencial.

Aunque Leonel Fernández no tiene un impedimento constitucional que le imposibilite aspirar nuevamente y conserva un liderazgo determinante dentro de Fuerza del Pueblo erigiéndose como una verdadera opción desde la oposición, llegaría a las elecciones próximas con 74 años y cuya prolongación electoralmente útil solo sería posible de ganar la presidencia ese año, pero eso solo implicaría dilatar un relevo inevitable.

La historia dominicana tiene el precedente de Joaquín Balaguer, quien regresó al poder en 1986 a los 80 años y gobernó durante otros diez años.

Fernández podría intentar prolongar su carrera siguiendo una lógica parecida y demostrar que la edad no necesariamente constituye una barrera para mantener competitividad electoral.

Por eso las próximas elecciones pueden convertirse simultáneamente en la última gran batalla de una generación y la primera gran batalla de otra.

Los nuevos nombres

El relevo ya comienza a tomar forma.

En el PRM, David Collado y Carolina Mejía se encuentran entre las figuras de mayor posicionamiento rumbo a la sucesión presidencial. Pero detrás de ellos existen otros dirigentes con posibilidades de crecer como son Wellington Arnaud, Eduardo Sanz Lovatón o un Guido Gómez Mazara.

En Fuerza del Pueblo, Omar Fernández representa quizás la expresión más evidente del cambio generacional. Nacido en 1991, pasó de diputado a senador del Distrito Nacional y se ha convertido en una de las figuras de mayor proyección de su organización.

En el Partido de la Liberación Dominicana, que cuenta con una gran cantera de representantes de esa nueva generación política, no parece estar apostando a ellos para el 2028, sino que pudiera estar mirando más allá, lo cual explica que la actual carrera por su candidatura presidencial esté una generación intermedia con representantes como Francisco Javier García, Gonzalo Castillo, Abel Martínez o Francisco Domínguez Brito.

Renovación no significa ruptura

La llegada de una nueva generación no implica necesariamente una transformación inmediata del sistema político.

David Collado, Carolina Mejía, Omar Fernández, Guido Gómez, Wellington Arnaud o Eduardo Sanz Lovatón son figuras generacionalmente distintas de quienes han dominado la política durante las últimas décadas, pero han construido sus carreras dentro de organizaciones establecidas.

Con diferentes estilos, representan una renovación que se produce desde el interior del sistema.

Conocen los partidos, construyen estructuras territoriales, participan en procesos electorales convencionales y desarrollan sus proyectos dentro de las reglas tradicionales de competencia por el poder.

La transición podría perfectamente producirse cambiando los protagonistas, pero permanecen buena parte de los mecanismos mediante los cuales se construye liderazgo político.

Sin embargo, simultáneamente comienza a manifestarse otro fenómeno que no se puede ignorar porque definitivamente va en expansión.

Santiago Matías representa quizás el ejemplo más evidente de quienes pudieran lograr posicionamiento desde afuera de los partidos políticos conocidos hasta ahora, por lo que su importancia no está en la cantidad de votos que pudiera obtener si finalmente se presente como candidato en 2028, sino en lo que representa generacional y culturalmente su aparición.

Matías construyó una enorme plataforma de comunicación, desarrolló una comunidad alrededor de contenidos vinculados al entretenimiento y la cultura urbana y, después de conseguir notoriedad nacional, decidió intentar transformar ese capital social y comunicacional en una organización política.

Las nuevas plataformas digitales permiten que una persona puede construir primero una comunidad de millones de seguidores, desarrollar capacidad para colocar temas en la conversación nacional y comunicarse directamente con amplios segmentos de la población sin necesitar inicialmente la intermediación de un partido ni de los medios tradicionales.

La pregunta que buscará respuestas a partir del 2028 es si una comunidad construida desde la cultura digital y urbana convertirse en una comunidad política.

En 2028, los millennials estarán plenamente incorporados a las edades de mayor participación económica, profesional y política, mientras la generación Z tendrá un peso electoral cada vez mayor.

Una parte importante de esos ciudadanos mantiene una relación con la información y con las figuras públicas sustancialmente diferente a la de generaciones anteriores.

No necesariamente construyeron sus referentes escuchando discursos partidarios, participando en mítines o siguiendo diariamente los medios tradicionales. La cultura urbana tiene una enorme penetración en los barrios populares.

Durante años, la política tradicional ha intentado acercarse a esos sectores mediante artistas, influencers y comunicadores durante las campañas electorales.

La novedad consiste en que ahora algunas de esas figuras pueden comenzar a preguntarse por qué limitarse a respaldar políticos si ellas mismas poseen audiencias comparables o superiores.

Audiencia no es estructura

Nada de esto significa que las estructuras políticas tradicionales hayan perdido su importancia. Probablemente ocurra exactamente lo contrario cuando llegue el momento de competir electoralmente.

Una elección no se gana únicamente con seguidores.

Se necesitan candidatos municipales y congresuales, dirigentes territoriales, delegados en los colegios electorales, financiamiento, organización, capacidad programática y una estructura capaz de movilizar y defender el voto.

Ahí los partidos tradicionales mantienen una ventaja enorme.

La prueba para cualquier liderazgo surgido desde las plataformas será demostrar que puede transformar audiencia en electores, seguidores en militantes y notoriedad en estructura territorial.

Una generación más amplia que sus candidatos

Por eso el relevo que se aproxima no debería medirse únicamente identificando quién será presidente en 2028.

Algunos de los dirigentes que comiencen a competir entonces probablemente alcancen su verdadero potencial en 2032 o 2036, lo que introduciría en el escenario a otras figuras como Jhony Pujols, en el PLD, o Juan Garrigó en el PRM. Incluso, el propio Omar Fernández, que para el 2028 está supeditado en gran medida a decisiones de su padre Leonel Fernández, pudiera alcanzar su mauor potencial a partir del 2032.

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