Sanar las heridas
De seguro que cada uno de nosotros conoce alguna persona que continuamente menciona que él o sus hijos no son los favoritos, que siempre los tienen al menos que los demás.
Sin embargo, cuando observamos, no necesariamente es cierto, más bien es una percepción relacionada con sus propias experiencias. Al comentar estas ideas con la especialista de la conducta Mirtha de León, ella me dio las siguientes notas: En nuestra niñez hubieron cosas que nos marcaron.
Palabras hirientes de padres, abuelos, maestros, tales como: no sirves para nada, todo lo haces mal, tan fea. Nuestros abuelos, padres, lo hacían sin saber el daño que nos hacían. Todo esto marca en la persona una baja autoestima, que sumado a traumas personales crean una persona infeliz.
De León asegura que para superar esos sentimientos es necesario reconocer que esos comentarios le marcaron, y en algunos casos no han dejado que usted logre cosas. Es preciso aceptarse como usted es, con sus virtudes y defectos. En nuestra conversación Mirtha recomendó conversar con esa persona que le hizo sentir mal, si no está, escribirle una carta diciendo lo mal que se sintió, y como estos comentarios le han marcado, luego de escrita la carta, quémela, rómpala, y ahí mismo cierre ese capítulo, y dígase hasta aquí de rumiar eso y sea quien quiere ser.
Sea usted mismo, un ser valioso, acéptese, cuide su imagen personal, rodéese de personas valiosas, no haga caso a comentarios malsanos que le van a restar. Entienda que sus abuelos y padres vivieron otra época donde no se reforzaba la autoestima del otro.
La mejor solución es perdonar, perdónelos, y comience a vivir, y verá cómo saldrá a camino.