Riesgos en la frontera
Cuando un dominicano piensa en la violencia en Haití, en la incapacidad de los cuerpos del orden público de aquel país para proporcionarle a la población garantías mínimas más allá de las que cada cual sea capaz de darse a sí mismo, la primera consideración es la de que aquello no debe alcanzarnos a nosotros.
La inseguridad, en cuanto riesgo de la integridad personal y de bienes como el hogar y los predios no parecen, realmente, en juego por la crisis haitiana, pero hay otras áreas en las cuales está presente.
Uno de ellos, el agropecuario. Otro, la salubridad, tanto en lo concerniente a las personas, como a los animales.
Recientemente hemos visto informaciones sobre la recuperación de decenas de reses que habían sido robadas por haitianos en una provincia fronteriza, y esto, desde luego, es inseguridad.
El cólera no ha dejado de estar presente en Haití, y esto obliga a una vigilancia permanente desde el Ministerio de Salud Pública, para evitar que, como consecuencia del permanente tráfico humano en la frontera, puedan producirse brotes en el país.
Otra de forma de la inseguridad causada de este lado de la frontera por la crisis en la nación vecina es la peste porcina africana, una enfermedad que de acuerdo con criadores de cerdos ha provocado una disminución importante en las granjas de gran parte del país.
Las autoridades agrícolas, a propósito de los riesgos a los que se encuentran expuestos los productores de las provincias fronterizas, anuncian el reforzamiento de controles y la aplicación de medidas de sanidad vegetal en Elías Piña.
Y esto es bueno, sin duda, pero siempre es posible preguntarse si será suficiente, o si el personal de este y de otros ministerios tendrá la debida conciencia de la multiplicidad de formas en que la crisis haitiana puede generar inseguridad entre nosotros.
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