Repudiables esas muertes
Repudiable la respuesta del jefe de la Policía Nacional.
En el día de ayer, lunes 22 de abril, murió el ciudadano Félix Hernández Peralta, a causa de un disparo realizado por un efectivo de la Policía Nacional, durante una jornada de protesta en San Francisco de Macorís.
Hoy, martes, 23 de abril, ha muerto el coronel de la Policía Nacional, Julián Suárez Cordero, víctima de un disparo, mientras intervenía una manifestación de un grupo de estudiantes en la UASD.
Dos hechos lamentables. Repudiable la acción que dio muerte al ciudadano Félix Hernández Peralta, y lo mismo para la que acabó con la vida del coronel policial. Repudiables ambas acciones, no importa quienes y en nombre de qué las hayan cometido.
Lamentable, muy lamentable las palabras del jefe de la Policía Nacional, Mayor General José Armando Polanco Guzmán, quien ante la muerte de su compañero de armas y carrera, ha dicho que pagarán con la misma moneda.
Si tomamos en cuenta la práctica policial y estas palabras tal cuales y en el contexto, ya se sabe, los muertos que sigan durante cualquier manifestación de protesta, corresponden a la persona a la que la sociedad paga para garantizar vidas y el orden público.
Lamentable, que el jefe de la Policía se pronuncie en esos términos, porque echa leña al fuego, cuando el comedimiento debe ser la respuesta. Para evitar asesinatos policiales en cadena, lo que de por si nunca ha sido difícil para una parte de ese cuerpo; y para investigar los hechos a fondo y con la mayor certeza.
Como soy un semi- anónimo, me presento para luego decir algo más sobre estos hechos y palabras. Fui presidente de la Federación de Estudiantes Dominicanos, FED, en representación del FEFLAS. Hoy, soy miembro del Partido Comunista del Trabajo, PCT, donde ocupo el cargo electivo de Secretario General.
Hecha la presentación digo que solo es válida y logra reivindicaciones, la lucha de masas, bien organizada y dirigida por dirigentes responsables, que dan la cara y el pecho y sobre todo orientan bien el carácter y objetivos de la misma. El poder corresponde a las masas, en las decisiones y en las acciones y a los líderes estudiantiles responsables y transparentes en su papel.
Los conatos organizados por pequeños grupos solo conducen a reveses, lamentables las más de las veces, como son los de marras.
Y, en ocasiones, sirven a los intereses de los sectores que dicen enfrentar. Más: le dan oportunidades a la misma policía para que a través de activistas infiltrados desacredite la verdadera lucha de masas con la comisión de acciones vandálicas que el pueblo y la opinión pública repudian. Más: le dan oportunidad a segmentos de la misma policía, para llevar a cabo acciones repudiables, que terminan haciendo saltar de los cargos a muchos oficiales correctos en su proceder y de sólida formación académica.
Es mi experiencia como dirigente estudiantil que fui. A mi querido e inolvidable camarada Nicolás Valerio, lo mató sin dudas un efectivo de la policía en noviembre de 1982. Pero quien creó el incidente para que los cascos negros llegaran a reprimir en los alrededores de la UASD, fue un pequeño grupo de irresponsables, que dicho sea de paso, jamás se dejaron volver a ver por la universidad.
Mis contemporáneos en la dirección de la FED, muchos de los cuales ocupan posiciones importantes en la justicia, los medios de comunicación y en la dirección del Estado, recordarán que después de observar con detenimiento cómo se desvirtuaban y anarquizaban las manifestaciones pacíficas y de masas que organizábamos, no tardamos en capturar a un Cabo de la Policía Nacional que, a la cabeza de un grupo de tres personas entre las que había una mujer, era de los de consignas más radicales en las manifestaciones, y lo peor: se dedicaba a lanzar bombas a autobuses y carros públicos que nos circundaban, y hasta llegaron a hacerlo contra viviendas periféricas a la UASD.
Los atrapamos, e interrogamos. El Cabo llevaba encima el arma de reglamento y su carnet, y los demás, las correspondientes credenciales de Amigos de la Policía nacional. Confesaron sus culpas, hicimos una rueda de prensa en el salón del Consejo Universitario, y a través de Don Rafael Herrera, entonces Director del Listín Diario, los entregamos a sus superiores en la Policía Nacional.
Desde entonces, las manifestaciones discurrieron masivas y cívicas.
Los amigos Dr. Fernando Sánchez Martínez, Rector de la UASD, y el comunicador Euri Cabral, miembro del Comité Ejecutivo de la FED, por aquellos días, pueden dar testimonio de esa experiencia.
La enseñanza es solo una: la lucha debe ser de masas; estas deben participar en las decisiones y en las acciones, ser las principales garantes del éxito. Lucha organizada y bien orientada, es victoria asegurada. Así concebida, no da lugar a que los infiltrados hagan su agosto, cuales sean sus propósitos. Las fronteras entre la lucha de masas y los tumultos, deben ser amplia y claras.
Desde luego, para eso se necesita tener buen juicio y más responsabilidad política.