¿Realmente seguros?
Por: Dionisio Soldevila
El sueño de la mayoría de los dominicanos que comienza a trabajar es comprar un vehículo de motor que le permita llegar a su lugar de trabajo de manera cómoda, sin el trote diario del servicio público.
No sólo por la comodidad, sino también por la seguridad que implica tener un vehículo propio al momento de desplazarse.
Y no hay mayor satisfacción para ese empleado, o colaborador como ahora se les llama, que adquirir un vehículo nuevo “de caja”.
Con las múltiples ferias que promueven los bancos ese “sueño” ha dejado de ser tan complicado para aquellos que tienen trabajos formales y aparecen en nóminas fijas.
Las instituciones bancarias ofrecen opciones de todo tipo, con préstamos que, generalmente, abarcan cinco años, aunque ya hay casos que llegan hasta los siete.
Los carros y yipetas suelen tener garantías de fábrica bastante atractivas, entre tres y cinco años y 50 mil kilómetros a 100 mil kilómetros, dependiendo de lo que llegue primero.
Esos vehículos financiados, exigen al deudor a comprar un seguro “full” que cubra con el valor total de cualquier daño que pueda sufrir el carro o yipeta como garantía.
Ahí entra el problema que nadie, o muy pocos conocen. Las aseguradoras en el país sólo brindan un seguro realmente “full” por tres años. Después que tu propiedad pasa de los tres años adquiere otra categoría, sin importar el préstamo que tengas en el banco de tu elección.
Según el artículo 27 de las condiciones generales de las pólizas de seguro (algo que nadie lee y que ni siquiera muchos intermediarios conocen): "Si al momento del siniestro el vehículo tiene cumplidos tres (3) años o más, contados a partir del año de fabricación descrito en las condiciones particulares, la compañía de seguros utilizará en su proceso de licitación piezas nuevas de reemplazo o piezas usadas originales, de acuerdo con la disponibilidad del mercado."
Por igual, el cliente ya no tiene la seguridad de llevar su vehículo al concesionario que mantiene la garantía, sino que debe llevarlo “a uno de nuestros talleres afiliados para la ejecución de los trabajos”, a menos que pague una diferencia extra aparte del ya conocido deducible.
Esos talleres afiliados son los que conocemos como “talleres de patio” y automáticamente su carro entra a uno de ellos, pierde la garantía que le pueda quedar vigente por la compra original.
Se trata de una guerra entre concesionarios y aseguradoras en las que las segundas entienden que los primeros sobrevalúan piezas y servicios y que la única víctima es el comprador que, aparentemente, no tiene quién lo defienda.
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