*Por Samuel Pereyra
República Dominicana tiene una ubicación privilegiada. Estamos en el centro de las principales rutas comerciales del Caribe, cerca de Estados Unidos y conectados con Centroamérica, Suramérica y Europa.
También contamos con una economía abierta, capaz de atraer inversión, generar empleo y competir en los mercados internacionales. Pero la ubicación, por sí sola, no garantiza el desarrollo. La geografía nos abre una puerta, pero sólo una buena estrategia nacional nos permite cruzarla.
El país ha avanzado mucho. Las zonas francas son hoy uno de los motores de nuestra economía. Generan empleos, exportaciones y oportunidades para miles de familias dominicanas. Además, contamos con aeropuertos internacionales, puertos de carga, puertos turísticos, carreteras modernas y una plataforma logística con peso regional.
Esa base nos coloca ante una gran oportunidad: convertir a República Dominicana en el gran hub del Caribe.
En ese camino, Refidomsa tiene un rol estratégico, porque no existe en el mundo una economía que pueda producir, transportar, exportar o atraer inversiones sin que cuente con una cadena de suministro de combustibles estable. Por eso, una de nuestras prioridades, al frente de una de las principales refinerías del Caribe, ha sido fortalecer su capacidad operativa, preparándola para impulsar y acompañar el crecimiento que queremos lograr a favor del país.
Desde el primer día de nuestra gestión, hemos trabajado con mucho ahínco para asegurar una capacidad de almacenamiento de combustibles óptima para la demanda nacional; una medida clave que busca garantizar la mayor seguridad energética ante los altibajos e imponderables que presenta el mercado internacional.
También hemos fortalecido la relación con los sindicatos de transportistas, entendiendo que la distribución eficiente y confiable de nuestros productos refinados es una parte esencial del sistema logístico que mantiene en movimiento a nuestra economía.
Adicionalmente, hemos avanzado en la generación de nuevos productos y servicios como el bunkering, un combustible diseñado para alimentar los motores de distintas embarcaciones. Esto, a su vez, se compagina con la reciente obtención de una licencia de reexportación de productos refinados, algo que nos permite colocar a República Dominicana en una posición más activa dentro del comercio regional de combustibles, proyectándola como un punto de abastecimiento estratégico para todas las islas en el Caribe.
Sabemos que para que nuestro país se convierta y consolide como el principal hub comercial del Caribe, se necesita organizar todo un ecosistema de industrias y servicios donde la energía juega un papel protagónico, pero que, como complemento indispensable, se necesitan también otras cosas como mantener la inversión en nuestros puertos y aeropuertos para que trabajen a la máxima capacidad con la mejor calidad, modernizar constantemente los procesos aduaneros, fortalecer nuestra red vial, mejorar las conexiones entre nuestras industrias y zonas comerciales, y garantizar la participación activa de la banca privada en el financiamiento de proyectos productivos que generen fuentes de empleo y riqueza.
No tengo ninguna duda de que, si nos mantenemos enfocados y con disciplina, República Dominicana puede aprovechar al máximo el potencial que tiene para convertirse en una plataforma regional de comercio, energía, manufactura, turismo, servicios y empleo. Nuestro país puede ser el punto donde el Caribe se conecta con el mundo.
Para lograrlo, necesitamos comprometernos con una visión compartida de país. El futuro se construye con decisiones claras, trabajo constante y confianza en nuestra gente. Esa es, y seguirá siendo, nuestra mayor fortaleza.
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