Radar Deportivo

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José Offerman ya no merece otra oportunidad
José Offerman, definitivamente, es un elemento sumamente peligroso.
Bajo ninguna circunstancias se justifica la cobarde agresión que ejecutó en contra del árbitro en el último partido ante los Gigantes del Cibao.
Que nadie ponga en duda que un pequeño grupo de alcahuetes y turiferarios va a querer justificar esa agresión, argumentando que “era un juego decisivo para la causa del Licey, por lo que en esa situación se liberan demasiadas tensiones”.
¿Cómo es posible que un hombre con tanta experiencia como mánager y jugador no sepa controlar sus emociones y llegue al extremo de tan brutal agresión ?
Un experimentado cronista, tratando de justificar la agresión, dijo: “Offerman le propinó al árbitro Daniel Rayburn una “galleta” que no tuvo consecuencias, que cayó al suelo porque quiso hacer teatro”.
No sé si el árbitro Rayburn se querelló contra Offerman en la Policía, pero la verdad es que esa agresión no tiene “prigilio”, como diría un fanático cibaeño.
Es momento de que la Liga de Béisbol Profesional dé un ejemplo con Offerman, para que de una vez y por todas, dirigentes, peloteros y cualquier otra personal bajo la autoridad de los árbitros, jamás intente cometer un acto de esa naturaleza.
A los Tigres del Licey que inicien la búsqueda de otro mánager para la próxima temporada, ya que este hombre no puede seguir ni un minuto más en funciones de esa ni de otra naturaleza en el béisbol.
Precisamente, Offerman fue designado dirigente del Licey, tras la salida del estadounidense Dave Gauss, suspendido por la Liga por dos años, tras hacer contacto con el pecho en dos ocasiones con un árbitro y perseguirlo cuando el partido concluyó.
A los olvidadizos, hay que refrescarles la memoria, Offerman cuenta con un récord de violencia que se remonta a su época de jugador, aunque fue en 2007 cuando en los Estados Unidos atacó con un bate y golpeó en la cabeza al catcher Joe Nathans en un juego correspondiente a la Liga Independiente del Atlántico. Esa agresión la ejecutó después que el pitcher Matt Beech lo golpeó, lo cual Offerman consideró intencional.
Cuando un juez lo condenó a someterse a tratamiento médico para que controlara su temperamento, muchos creyeron que fue exagerado, pero este hecho le ha dado toda la razón del mundo.
A Offerman hay que erradicarlo definitivamente del béisbol, es una persona incontrolable, y de un individuo con esas características cualquier cosa se puede esperar.
La Liga de Béisbol tiene la última palabra sobre un hecho que no debe repetirse jamás.

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