¿Qué sistema judicial tenemos?

Dionisio Soldevila
Dionisio Soldevila

*Por Dionisio Soldevila

En República Dominicana lo tenemos todo. Esa debe de ser una de las frases más certeras que se le podía ocurrir a un mercadólogo para promover el país hace ya un tiempo considerable.

Y es que ciertamente lo tenemos todo, lo bueno y lo malo también.
Y si de malo hablamos, debemos tocar el tema el sistema judicial dominicano con el que actualmente nos manejamos, y no lo digo por la huelga de jueces de la semana pasada que busca la cabeza del presidente de la Suprema Corte de Justicia, Luis Henry Molina. Ya ese es otro tema.

Según un estudio que hizo el Defensor del Pueblo hace algo más de un año, más del 68 por ciento de los reos de nuestro país se encuentran en condición de preventivos, es decir, que no han sido condenados por un juez.
Muchos de ellos, incluso tienen más tiempo bajo prisión de lo que estipula la infracción que habrían cometido y que los llevó a ser enviados a uno de los recintos penitenciarios del país.

Inexplicablemente, sin embargo, todos los días los jueces envían para sus casas a infractores de la ley si, por ejemplo, la sanción que conlleva su delito es inferior a los cinco años. Automáticamente le sale una prisión suspendida.
Es decir, un condenado, un culpable, va a la calle mientras uno que mantiene su inocencia se queda tras las rejas.

La prisión suspendida apenas es una de esas herramientas que usa nuestro sistema judicial para mantener a los delincuentes en la calle. También está el famoso perdón judicial, que aplicó el tribunal colegiado de Puerto Plata que encontró culpable a Wander Franco de violar a una menor de edad.

Pero, aunque el tribunal encontró que Franco es “penalmente responsable” de violar a una niña de 14 años de edad, lo mandó para su casa.


¿Por qué el violador de una menor edad debe recibir perdón alguno? ¿Por qué en la sociedad dominicana es “normal” que adultos se acuesten con niñas a pesar de ser una aberración de las más horribles que existen?

Pero las cárceles siguen llenas de potenciales inocentes no juzgados y los culpables ya sentenciados se van para sus casas porque eso, en esta media isla al revés, parece ser mucho más lógico que hacer cumplir lo que estipulan las leyes.

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