Pura codicia
La República Dominicana adolece de muchos vicios; uno de ellos lo complica todo.
Con un simple vistazo a los principales negocios o empresas será fácil distinguir los elementos comunes en los mismos. Son las mismas personas, a título propio, con sociedades en las que tienen control o a través de su testaferro de turno.
En los últimos años se ha desarrollado otra vertiente y es la de complicidad entre hombres de negocios y políticos, sobre todo en renglones de servicios públicos y carburantes.
Es harto conocido que existen una serie de concesiones y facilidades que de tiempo en tiempo se fueron autorizando a determinadas personas físicas o jurídicas, muchas de ellas en franca violación a principios de competencia leal, o peor aún, a costa del fisco. Ese mismo fisco que a todos nos ha tocado sacar de la sala de emergencia con reformas fiscales.
Otro daño colateral de esta alianza mafiosa ha sido el oligopolio de los negocios en el área acaparada o el detrimento del producto o servicio que se recibe.
Es tanto el dinero que mueven estas empresas, dadas la naturaleza de sus actividades comerciales, que gobiernos vienen y gobiernos van y, como se dice popularmente, "nadie le mete el pico".
Un gobierno que trabaja a favor del pueblo no puede mantener privilegios a favor de unos pocos, a costillas de las grandes mayorías.
Más aún, de mantener el irregular statu quo, se podría pensar que al cambiar de gobierno se cambiaron los accionistas del lado gubernamental, pura y simplemente.
¿Cómo es posible que si existen personas que se dedican a la misma actividad comercial, unos reciban subvenciones, exoneraciones, exenciones y privilegios, mientras otros maniobran para poder mantener sus negocios operando?
¿Algo más grave aún? ¡Gente que posee privilegios en áreas de negocios que nunca han desarrollado!
El mercado que determine quién sobrevive y quién no, pero jamás permitir un estado cómplice que, favoreciendo a uno u otro, contamina las más elementales reglas del comercio.
Al final se hará un gran aporte a los valores que deben dominar a una sociedad que aspire a ser civilizada; se eliminará la génesis de toda esta maraña de anomalías. Pura codicia.