PRM y la retórica del ‘viejo partido’: la rebelión de los incautos

Aneudy De León M
Aneudy De León M

Por: Aneudy De León M

La política, definida de manera simple, como la ciencia o disciplina que procura estudiar el ejercicio del poder y buscar soluciones a los problemas comunes de los ciudadanos o de cualquier cuerpo colectivo supeditado a una autoridad, no está hecha para “incautos”, pero tampoco existe —aunque lo parezca debido a la influencia del clientelismo o el genuflexismo— para presumir que los gobernados o subalternos lo son y que puede abusarse de su tolerancia. Podría ser teóricamente indiscutible que “el poder” tiene capacidad de influir en la percepción colectiva de un cuerpo sobre determinado hecho, estado o circunstancia, pero no la suficiente para borrar la realidad o sustituirla, sobre todo la que es ostensiblemente obvia.

Asumo este preámbulo académico, porque estudiando los hechos más recientes de los últimos meses en torno a la dinámica del actual proceso interno del Partido Revolucionario Moderno (PRM), con miras a la renovación de sus autoridades para el próximo período 2026-2030, puedo observar que algunos sectores de las élites y del liderazgo presidenciable no descansan en “proponer”, “seducir” o “tratar de imponer” una lectura caprichosa, acomodaticia, coyuntural o conveniente de la definición de democracia a lo interno de nuestra organización política. Este artículo es extenso. ¡no dejes de leer hasta el final!

Política y democracia para los incautos. – Lo peor de todo no es el acto pecaminoso de nuestros compañeros de la ‘Augusta Alta Dirección’ del partido, es el descaro y la retórica de doble moral de cómo lo hacen: Asumiendo que, nosotros, los miembros y dirigentes legítimos aspirantes, las mismas bases dirigenciales y militancia de a pie en general, vamos a ser siempre sumisos, incautos y permisivos o no sabemos lo que ellos pretenden con sus actos: una estocada a la democracia interna el PRM.

El propósito se puede ver sin espejuelos, es claro, aunque algunos lo ignoren y otros no les importe nuestro derrotero. Se trata de seguir reeditando el esquema de exclusión y control de un grupo que se ha olvidado de la meritocracia y lealtad partidarias, los sacrificios materiales y morales, el trabajo político de las bases del partido y del valor político, social y mediático del aporte de grandes contribuyentes a las victorias electorales de 2020 y 2024, para priorizar sus intereses, grupismo-individualismo, cooptando voluntades vía nombramientos y decretos, priorizando enemigos de la oposición en los cargos bajo su control para estar bien con Dios y con el diablo; y con todo ello, construir lealtades políticas y blindar su status-quo de inmanencia perjudicial en el partido a costa del trabajo ajeno, y lo que es más grave aún, de poner en riesgo la credibilidad del sistema de partidos de la República Dominicana. ¡Inaceptable! Escribo este artículo y siento un desagradable “Deja vú” que no logro asimilar mentalmente. Es como si la historia se reescribiera con diferentes actores y distintos colores, salvando algunas diferencias.

En este mismo orden de pensamiento, vemos cómo nuestros compañeros que dirigen el PRM han hecho múltiples intentos fallidos:

a) Inventarse una inusitada e inverosímil “Comisión de Consenso” para buscar cooptar o seducir dirigentes a que procuren entendimientos en los territorios para evitar una convención interna con el voto universal, libre y secreto;

b) Envío de mensajeros a grupos dirigenciales o representantes de tendencias presidenciables para que influyan a sus militantes a cambio de obtener favorabilidad en las instancias partidarias;

c) Uso influyente y chantajista sutil de la imagen del liderazgo del presidente Luis Abinader para que “nadie puede cuestionar” las decisiones o proposiciones de la Alta Dirección, porque según ellos, es una “instrucción u orden del líder máximo” de nuestro partido (algo que no se discute);

d) Vender la necesidad de prorrogar los mandatos de las autoridades del PRM hasta el año 2028, “para evitar crisis internas” que nos arriesguen a perder el poder;

e) Entre otras actuaciones y estratagemas que son un flagrante irrespeto a la inteligencia colectiva de los perremeístas.

En fin, los hechos y los feedback logrados en estos “experimentos sociales” promovidos hasta ahora por nuestra flamante dirección partidaria, demuestran que no han dado resultados, y, por tanto, rechazadas rotundamente a nivel nacional por la vasta mayoría de nuestra militancia y dirigencia de base que, es en ella, y no en ellos y lo que representan, que reside el real poder de la democracia.

El chantaje de la retórica del viejo partido. – El síntoma peligroso que acompañan estas iniciativas partidarias e ideas estrambóticas planteadas en el seno de la Alta Dirección —en adición a la patología sana que sufren algunos en el ejercicio del poder, tal como lo señalé en mi más reciente artículo “Gobierno en crisis: Soledad y síndrome de hubris”— es que ahora, una vez que el termómetro político interno se puso en rojo por el rechazo a los susodichos “consensos”, evasivas de convención, intento de prórroga de mandatos, etc., los ideólogos de estas pretensiones —que no son todos, sino algunos— procuran mediatizar una retórica chantajista para venderle a la militancia de nuestro partido un caramelo envenenado y así usarnos a todos como tontos útiles para validar con aplausos sus intenciones de perpetuarse sin propósito en la dirección partidaria.

Y, ¿en qué consiste esta retórica? En dos construcciones perceptivas. La primera premisa, es vender la idea de que si hay convención hay caos, y si hay caos, perdemos el gobierno en el 2028. Es el clásico “discurso del terror” muy conocido en la teoría política. Joseph Goebbles, —lugarteniente de Adolfo Hitler y exministro de Propaganda del Tercer Reich en la Alemania Nazi, a quien se atribuye la máxima política “una mentira repetida mil veces se convierte en una gran verdad"— en su tiempo, utilizó mucho la propaganda del terror para justificar las inhumanas acciones del régimen nazi.

El discurso del terror en política ‘es una estrategia mediática que busca utilizar el miedo —real, exagerado, posible o imaginario— como herramienta de manipulación de las masas o de un colectivo con el propósito de conseguir su favor para que estos acepten lo contrario a sus intereses o aspiraciones a cambio de una protección o recompensa futura que, al final, sus destinatarios no tendrán’. Es el espejo del PRM actual.

De eso se trata aquí, se pretende vender la idea a la militancia y dirigencia de base, sobre todo quienes no están disfrutando de las mieles del poder, que ‘es peor dirigir un partido en la oposición que ser parte de un partido en el gobierno’. ¡Dios mío! ¡Cuánta creatividad perniciosa! No sabiendo que ya las grandes mayorías del PRM se sienten traicionadas por quienes nos dirigen, no confían en gran parte de la cúpula, en tanto que su accionar está conduciendo el partido al fracaso en el 2028.

En ese orden de ideas, es importante recordar que los perremeístas comprometidos no se van a dejar arrastrar por la miopía y ambición de la dirección actual, estando claros de que, si las autoridades permanecen allí, esa desconfianza se convertiría automáticamente en una desidia riesgosa para consolidar el trabajo político necesario para ganar las próximas elecciones. Como corolario ineludible debemos afirmar que: para lograr repuntar y rescatar la credibilidad del partido frente a su militancia y conseguir la cohesión partidaria que necesitamos para retener el poder es inminente la renovación, no solo de rostros, sino también de acción, de ética, visión y compromiso. El cambio dentro del cambio.

La segunda premisa, es revivir el guion mediático del “fantasma del viejo partido”. Se busca estigmatizar a quienes aspiran a posiciones internas y a quienes le corresponde el relevo generacional en la dirección del PRM, porque la exigencia determinada de una convención interna libre y democrática —terreno en el cual no pueden ganar— augura, según ellos, el riesgo del desorden y la división por la incapacidad del colectivo de autoorganizarse, ser indisciplinado y la vocación autodestructiva de un partido que busca su propio desalojo del poder vía sus actos de harakiri; una deficiencia y cultura organizativa que estas mismas autoridades no han sido capaces de corregir a lo largo de ocho años ni hacer algo por mejorarla, porque se han preocupado más en ocupar posiciones públicas, olvidando las bases y el laborantismo partidario.

Entonces ¿cuál es el propósito de seguir controlando el partido? ¿Mera ambición de poder? o ¿Miedo a perderlo? Nosotros, los que somos mayoría, no formamos parte de la gerencia partidaria actual y hemos estado desde el día #1, en cambio, aspiramos a rescatarlo.

Es innegable que, durante este tiempo, buena parte de la Alta Dirección del PRM no solo ha demostrado su miopía y deficiencia político-gerenciales, sino también carencia sistemática de un liderazgo real, empático y cercano a las bases de su partido que inspire confianza en ellos y sus decisiones, no porque sean malas personas, sino políticamente no idóneos para forjar el verdadero partido político de los nuevos tiempos.

Esto lo afirmamos, al margen de los éxitos electorales que hemos tenido como partido desde nuestra fundación en el 2015 que, —dicho sea de paso—, es propicio aclarar que no son logros reales y propios de esta dirección, sino mayormente el resultado de una conjugación de circunstancias históricas, sociales y políticas que nos favorecieron para ganar en el 2020 y repetir en el 2024, pero que ya no estarán presentes en el 2028.

Suena como una crítica muy dura, pero no es mía; son los hechos, las justificaciones de sus iniciativas partidarias y el miedo a celebrar convención interna con el voto universal, libre y secreto, que desvelan esas debilidades. Contrario a la tesis que se obstinan en vender, la convención no es un riesgo de caos, es la única garantía de cohesión real para retener el poder en 2028.

En fin, se pretende hacer un paralelismo del precedente experimentado en la antigua organización a la que muchos de nosotros pertenecimos en el pasado: el Partido Revolucionario Dominicano (PRD).

Todo cuanto he dicho enjundiosamente más arriba es el diagnóstico político perfecto que personaliza lo que se critica o pretende advertir con una retórica de doble moral mientras se hace precisamente lo que se critica: una real paradoja. Esto más que allanar el camino para la cohesión, se convierte en un eje catalizador de la división del PRM. Un discurso maniqueísta peligroso.

Mientras evocan esos miedos y advertencias, buscando chivos expiatorios, no se dan cuenta que los que han traído y aplican el gen autodestructivo del viejo partido, son los mismos cuyas actuaciones poco institucionales y antidemocráticas pretenden imponer usando ardides, jóvenes exponentes favorecidos por su benevolencia y premios políticos, la práctica de cooptación aprendida de otros políticos en el poder, así como mentiras disfrazadas de bondades para imponer su agenda de perpetuidad partidaria, abriendo así la posibilidad inminente de que la fatídica historia vuelva a repetirse.

Etiquetas

PolíticaPRM

Sobre el autor

El Día

Periódico independiente.