Por un país de propietarios

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Federico Alberto Cuello Camilo

Bajarán, y mucho, las comisiones que en lo adelante pagaremos a las aseguradoras de fondos de pensiones.Los críticos de siempre, para los que nunca será suficiente lo que haga gobierno alguno, inmediatamente deploraron que las AFPs seguirán generando beneficios.

Según dichos críticos, a pesar de las urgentes reformas realizadas, cuando nos jubilemos recibiremos pensiones mensuales equivalentes al 22% de nuestros salarios.

Es un hecho que más de 90% de la cartera de las AFPs se concentra en títulos del tesoro y bonos del Banco Central. Ambos, sin lugar a dudas, son valores confiables de rentabilidad garantizada. Pero distan mucho de ofrecer el retorno que reciben pensionistas en otros países. ¿Por qué? Porque en esos países los pensionistas tienen una gama más amplia de opciones que la nuestra.

En el Chile que hoy busca corregir los errores que ya nosotros vamos solventando, se concibió el sistema de pensiones de capitalización individual para inyectar liquidez a las necesidades de inversión del sector privado en la bolsa de valores. Esa parte de la reforma chilena nunca llegó a nuestras tierras. Hora ya de contemplarla seriamente. El detonante muy bien podría ser la colocación en bolsa de la totalidad de las acciones de las empresas productivas que todavía quedan en manos del Estado.

De qué estamos hablando? Entre otros activos, de la generación, transmisión y comercialización de electricidad. De la gestión de los puertos, en un país que quiere ser, y será, el centro logístico de las Américas.

De la concesión de tierras azucareras y bananeras, en el país que quiere ser, y será, el granero del Caribe. Y de todo lo que una vez operaba bajo la égida de la Corporación de Empresas Estatales (CORDE).

Si las AFP`s pudieran comprar esas acciones para engrosar los activos de nuestras pensiones, las empresas públicas pasarían a ser verdaderamente propiedad de cada ciudadano.

El rendimiento que aportarían a nuestros fondos de pensiones sería mucho mayor que las actuales opciones, las cuales sin duda continuarían formando parte de la cartera más conservadora de nuestras inversiones, junto a otros activos posibles.

Llego la hora de que todos, asalariados y ejecutivos, funcionarios y empleados, pasemos a ser los verdaderos dueños de ese patrimonio nacional que tanto tiempo lleva esperando cotizarse en el mercado, inyectando liquidez al sistema y contribuyendo a darnos el retorno que asegurará nuestra jubilación con dignidad.
Nos habremos convertido, así, en un país de propietarios.

*Por Federico Alberto Cuello Camilo

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