Por medio de Él
Mas éste (Jesús), por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.
Hebreos 7:24-25
Hay una historieta muy particular que me pasó cuando era más joven.
En una mañana de verano estaba en Barahona (hermosa región) en la playa de San Rafael, la marea un poco alta, las olas te llamaban a desafiarlas; ya adentrado del mar disfrutando de esta aventura, para mi sorpresa una ola gigante cubrió mi cuerpo y perdí la fuerza para poder salir a la orilla.
En este estado de desesperación comencé a ahogarme, pero de la nada sentí que algo tocó mi cabeza, era un palo, con el cual un hombre estaba haciendo un puente para ayudarme y sacarme del agua.
Así, como fui salvado por esa mano, es también la obra de Cristo, que puso su cuerpo en la cruz como puente para poder cruzar hacia Dios.
Este versículo de Hebreos nos da una visión de la obra redentora de Cristo, que es eficaz en el tiempo. Él está sentado a la diestra de su padre e intercede hasta el fin por nosotros.
No hay necesidad de un nuevo sacrificio o un nuevo sacerdote. Él es mediador para los que creen en Él. Jesús vive para siempre y es el único camino hacia Dios.
Nadie en el mundo nos puede unir a Dios, esto solamente le pertenece a Cristo, ya que está a la diestra del Padre intercediendo por nosotros.
Ningún sacerdote terrenal podría competir en ese aspecto del sacerdocio, pues con su muerte natural termina su ministerio.
Cristo se presentó una vez para siempre en la presencia de Dios, dice Hebreos 9:26, pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.
Pero con su muerte, el sacerdocio de Jesús sella un ministerio eterno, Él puede salvar totalmente a todos los que vienen a Dios por medio de Él.