Patológicos

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No Otoniel no, aquí no sólo hay corruptos patológicos (y si que los hay), hay también de los que son narcos patológicos, que viven del polvo blanco y pululan en el Congreso y en las Fuerzas Armadas. Los hay también violadores patológicos, pero esos llegan a ser diputados y osan con reelegirse. También hay traficantes de chinos patológicos, que suelen ser siempre los más votados.

En este país, que no debiera llevar el nombre de país, hay asesinos patológicos, que gustan de inventarse unas historietas novelescas o unos divertidos fotomontajes con las cuales encubrir sus vagabundearías y deudas de sangre.

Hay también, en esta media isla, traidores patológicos, esos que sólo sirven para embarrar los heroicos apellidos que llevan, con el lodo de la corrupción. De esos, el más conocido es el de la cementera.

En nuestra selva, los hay también mediocres patológicos, pero esos llegan a ser ricos, tan ricos como los sindicalitas corruptos, los embajadores, los premios de literaturas, los asesores y las bocinas etc.

Los hay mentirosos patológicos, esos que cobran para desinformar e inundan los medios de comunicación, con sus sucios papeles de dólares y odios; y su boca y pluma como una metralla, una bazuca, una enciclopedia, al servicio de la maldad.

Los hay estafadores patológicos, como los que firmaron el contrato con SOMO, el de la Sund Land, el de la Isla Artificial, el de ENADE, el del Gobierno Electrónico, Bellas Artes, el Desayuno Escolar de Malaleche…y ahí paro de contar.

Los hay entreguistas patológicos, de los peores, que venden nuestras playas, nuestros ríos y nuestro oro y se lo entregan a la Barrick Gold.

Los hay payasos patológicos, como el tíguere que puso los alcoholímetros y el que se inventó el departamento de motoconcho en la OTTT.

Los también hay buscavidas, tigueres, limpia sacos, lambones, lumpenes, todos patológicos, aspirando a cargos electivos y a seguir llenando de podredumbre nuestro congreso y ayuntamientos.

Claro, Otoniel, que hay muchos amantes de lo ajeno, patológicos; pero eso es porque también hay cobardes e irresponsables patológicos, esos como tú, que nada hacen por cumplir con sus responsabilidades. Que se esconden tras sus rimbombantes cargos para hacer menos pez en el agua.

Dentro de todo, uno de los más peligrosos resulta ser el simulador patológico, ese que sabiéndolo todo, y contando con todos los atributos anteriores, encumbre, defiende y protege a sus secuaces.

Finalmente Otoniel, la verdad es que el peor de todos los patológicos, es el masoquista patológico, ese que cada cuatro años, cada dos, refrenda con su voto a todos los anteriores.

Ni un solo voto para esta gente.

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El Día

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