¡Oh vanidad!

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Hoy quiero dedicar un poema a quienes se dejan seducir por el poder, o un falso poder, que les ha proporcionado por una serie de circunstancias y los halagos de aduladores.

Sin pretender ser ingenuo también hemos de reconocer que el espíritu es débil y vacío para que los halagos sin méritos puedan calar. Fuera ideal que conserváramos un poco de humildad , es lo que popularmente se llama “creer tener a Dios agarrado por una pata”. Espero que lo disfruten y valoren en su justa medida.

¡Cuántas amistades perdidas! ¡Cuántos amores olvidados! ¡Cuántas batallas luchadas! ¡ Y todo por la maldita vanidad!

Arrogancia vana que engrandece el espíritu vacío, anhelante de glorias y lisonjas aún no alcanzadas,

tan solo soñadas.

Adiós a los posibles logros que juntos hubiésemos tocado, a las sonrisas que no brotaron.

Reconozco tu verdadera grandeza, aún oculta entre tus temores, temerosa y amenazada por amigos que te ensalzan sin conocer tus verdaderos dones.

¡Oh desdicha de quién no conoce su vanidad y se entrega por entero a en los brazos de los falsos amores, pues ha de sufrir los verdaderos desamores!

Cuando de ese sueño despiertes, entonces, tendrás que vivir los horrores de la pesadilla, y mientras, yo pediré a los ángeles cubran mi espíritu con el manto de la indulgencia.

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El Día

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