No son iguales

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Soy y seré siempre un discípulo de Milagros Ortiz Bosch pues tuve el privilegio de desarrollarme políticamente bajo su cobija. Eso conlleva un compromiso de tratar con deferencia a las damas que se involucran en avatares políticos.

A veces esto requiere esfuerzo pues con algunas damas, el respeto fluye; con otras, hay que recurrir a la educación para controlarse.

Nunca he visto ni he conversado con la actual primera dama Cándida Montilla de Medina; todo lo que sé de ella me lo ha contado alguien que le aprecia mucho y que desde tiempos de campaña hacia énfasis en la sencillez, buen corazón y apego a Dios de la misma.

Transcurridos seis meses de gobierno, la discreta pero activa actual primera dama, ha impreso un sello diferente a las acciones del despacho que dirige. La ausencia de parafernalia y protagonismo del mismo contrasta con la gestión anterior. Se podría decir que sus actuaciones van en consonancia con las de su esposo que prefiere la poca pompa.

Se siente la diferencia.

Y es que existen diferentes formas de crearse opinión pública favorable: por un lado predicar con el ejemplo, realizando labores que generen simpatía y reconocimiento per se y, por otro, utilizar los recursos públicos para crearse una buena imagen, sobredimensionando los trabajos que se realizan y recurriendo al clientelismo, a la dádiva, para lograr adeptos y alabarderos.

Las virtudes no se crean de la noche a la mañana, son la suma de las lecciones y acciones que da la vida, distinguen y se adhieren a la persona como un sello, como un aroma que antecede a la presencia física… cada quien huele diferente.

La trayectoria de una persona, en una isla como la nuestra, es conocida y si bien unos cuantos incautos sucumben a las engañifas de zorros vestidos de ovejas, al final, la socorrida frase dominicana retumba: “aquí nos conocemos todos”.

Para hablar sobre valores hay que primero aplicar los mismos, haber vivido siempre según se predica. El lujo y el boato con recursos del erario público no son la mejor carta de presentación para quien pretende ser paradigma de una sociedad; mucho menos, las simulaciones con lágrimas de cocodrilo incluidas.

Al final, la fe y creencia en Dios no se compra en la tierra, se gana con las acciones ante los ojos del Padre, quien será juez de nuestra vida terrenal.

Es Semana Santa demos gracias de que alguien de verdadera vocación y entrega está al lado del jefe de estado.

Es evidente que no son iguales.

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El Día

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