No es la primera vez

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Para cualquier ciudadano común de este país, los periodistas son “seres privilegiados” en los sectores donde se desenvuelven.

Esa percepción, es muy posible, que tenga su explicación por el hecho de que muchos exhiben riquezas materiales que resultan llamativas, mientras otros “aguajean”.

Además, que se les ve como muy ostentosos en los lugares que frecuentan, lo que produce cierto rechazo en los sectores que los adversan. Sin embargo, en el ámbito de los deportes, las cosas no son como parecen, debido a que en esa clase existe un excesiva sumisión frente a los empresarios que contratan personal, en especial en el béisbol profesional.

En muy escasas oportunidades los periodistas, como institución o independientemente, les han salido al frente a situaciones enojosas y deprimentes que han sufrido con cierta frecuencia.

Resulta penoso admitirlo, pero nadie, incluso los propios afectados, han dicho “esta boca es mía”.

En los escasísimos casos donde algún periodista deportivo ha echado el pleito, se ha quedado solo.

Eso ocurre, a pesar de que muchos de los que son lesionados tienen medios por donde pueden denunciar los atropellos, sin embargo, prefieren callar o hacerse cómplices para no perder el favor de los empleadores. Es por eso que resulta reconfortante que ante el atropello que recibieron el martes pasado en el Palacio de los Deportes, al despojarseles de su área de trabajo, se hayan alzado algunas voces en protesta por ese vejamen. ¡Por fin!

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El Día

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