Néstor Estévez: "La comunicación me descubrió y se adueñó de mí"

  • Un buen maestro de ceremonias debe entender el propósito de la actividad, adaptar su estilo al tipo de evento, conectar con la audiencia, generar confianza y conducir con orden

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El periodista Néstor Estévez agrega valor desde la comunicación como maestro de ceremonias, consultor, voz orientadora en diversos formatos, capacitando en habilidades comunicacionales y como animador sociocultural. Cuenta con dos licenciaturas (Comunicación y Educación), dos maestrías (Diplomacia y Derecho Internacional, y Dirección y Gestión Pública Local, con énfasis en Proyectos de Desarrollo Local), así como con formación en otras áreas del saber.

¿Cómo descubrió su vocación por la comunicación y la maestría de ceremonias?

Néstor Estévez -La comunicación me descubrió y se adueñó de mí. Me inicié como “asistente de catequista”. Explico: tengo la fortuna de ser el primogénito de una mujer muy creyente en Dios. Entre otros roles, ella asumió impartir la catequesis en mi comunidad natal.

Desde que hice la primera comunión, ella delegaba en mí el proceso de formación a chicos menores que yo y con menos conocimientos sobre el tema. Eso me abrió las puertas para encontrarle sentido a compartir contenidos con valor de uso.

Néstor Estévez: "La comunicación me descubrió y se adueñó de mí"
Néstor Estévez

El resto fue pastoral juvenil, club cultural, Casa de la Cultura y otros muchos espacios en donde encontré motivos y oportunidades para seguir puliendo mis potenciales y haciendo de la comunicación el centro de mi vida profesional.

Desde su experiencia, ¿cuáles son las principales cualidades que debe tener un buen maestro de ceremonias?

Un buen maestro de ceremonias debe entender el propósito de la actividad, adaptar su estilo al tipo de evento, conectar con la audiencia, generar confianza y conducir con orden. No se trata solo de anunciar nombres o leer un guion, sino de conducir procesos comunicacionales, servir de puente entre organizadores y público, cuidar el tono, el ritmo, el protocolo y la imagen institucional. También necesita preparación, observación, capacidad para leer el ambiente, claridad, concisión, buen tino e improvisación responsable ante imprevistos.

¿Qué tan importante es la preparación previa antes de conducir una actividad o evento?

Es fundamental. Antes de tomar el micrófono hay que conocer el objetivo del evento, el público, el tono, el programa real, los horarios, los nombres, los cargos y su pronunciación correcta. También hay que coordinar con producción, audio y protocolo, preparar aperturas, transiciones y cierres, y tener una versión corta y otra extendida del guion. La preparación permite anticipar escenarios y responder con eficacia cuando algo cambia.

¿Cómo maneja los nervios, los imprevistos o los cambios de última hora durante una ceremonia?

Los nervios no se eliminan peleando con ellos; se gestionan. Antes de hablar conviene respirar lento y profundo, ensayar el primer minuto, llegar temprano y conocer el espacio. Durante la intervención, ayuda hablar un poco más lento, hacer pausas, corregir y seguir si aparece un error. Frente a imprevistos, lo correcto es mantener un tono sereno, usar frases breves, coordinar discretamente con producción, reconducir con información clara y tener transiciones de respaldo. Lo que no debe hacerse es mostrar pánico, culpar a otros en público, llenar silencios con palabras vacías o inventar información.

Muchas personas creen que hablar bien es suficiente para hacer maestría de ceremonias. ¿Qué otros elementos considera esenciales?

Hablar bien ayuda, pero no basta. La maestría de ceremonias exige sentido estratégico, comprensión del propósito, manejo del protocolo, control de tiempos, lectura del público, adaptación al contexto, preparación del guion, capacidad de mediación y conciencia de que el evento no gira alrededor del maestro de ceremonias. Una buena voz o una buena dicción pierden valor si no están al servicio de una intención clara y de una contribución útil.

¿Qué consejos les daría a los jóvenes que desean iniciarse en el mundo de la conducción de eventos?

Les diría que entrenen con constancia. Pueden comenzar grabando aperturas breves, leyendo textos para trabajar dicción y pausas, presentando a una persona con datos breves, practicando transiciones y simulando imprevistos. También les recomendaría estudiar el valor de la comunicación: no basta con sonar bien; hay que tener algo valioso que decir, comunicar con propósito, respetar al público y construir confianza.

¿Cómo influye el periodismo y la formación comunicacional en el desempeño de un maestro de ceremonias?

Influyen mucho. Ayudan a jerarquizar información, contextualizar, distinguir lo importante de lo accesorio y comunicar con criterio.

Desde la formación comunicacional se entiende que comunicar no es llenar minutos ni ocupar un escenario, sino orientar, explicar, conectar personas, cuidar el sentido de lo que se dice y asumir responsabilidad pública. Esa mirada permite que el maestro de ceremonias no sea solo una voz agradable, sino un comunicador estratégico.

¿Cuáles errores son más comunes en quienes comienzan a hacer maestría de ceremonias y cómo pueden evitarlos?

Entre los errores frecuentes están confiar solo en la memoria, leer de corrido sin mirar al público, usar textos excesivamente largos, improvisar nombres o datos, hacer chistes inadecuados, cambiar el orden sin validar, acelerar cuando algo cambia, mirar solo las notas o la pantalla, caminar sin propósito y creer que el protagonismo pertenece al maestro de ceremonias. Se evitan con preparación, guion breve y legible, coordinación previa, ensayo, respeto al protocolo y conciencia de servicio.

¿Qué técnicas o hábitos utiliza para cuidar la voz, mejorar la dicción y mantener una buena presencia escénica?

La base es entrenar la dicción para que cada palabra se entienda, cuidar el volumen según el espacio, usar pausas para respirar y remarcar ideas, y trabajar la entonación para no sonar plano o mecánico. También conviene evitar hablar demasiado rápido, bajar la voz al final de cada frase, llenar silencios con muletillas o caer en monotonía. En presencia escénica, ayudan una postura erguida y relajada, mirada distribuida, movimientos intencionales y gestos acordes al contexto.

Después de tantos años de experiencia, ¿qué le sigue apasionando de la comunicación y de conectar con el público desde un escenario?

Me sigue apasionando la posibilidad de agregar valor. Por eso tengo muy presente lo siguiente: la comunicación puede orientar o confundir, construir ciudadanía o degradar el debate, crear comunidad o aumentar el ruido. Desde un escenario, la palabra permite conectar momentos, personas y mensajes; permite crear confianza, aportar sentido y servir.

Eso me hace amar un oficio que me permite ser voz con propósito para que el público comprenda, participe y se reconozca en una experiencia compartida.

Sobre el autor

Jesús Díaz